Equilibrar la balanza

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Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado. Tampoco sabe cocinar. No deja que ese pensamiento se aposente en la memoria para poder jurar que jamás lo ha tenido. Lo mira con ojitos de querer, él resbala, agarra el mantel con intención de amortiguar la caída, y hace añicos la vajilla. Se levanta con el pelo grasiento tapándole la cara de haber roto un plato y muestra su sonrisa amarilla.
¿Tú me ves para quererte? Se había declarado clavándole la inseguridad con el ojo bueno. Ella le había contestado que sí. Sólo deseaba que se sintiese amado. Después, con el tiempo, quizá lo amaría.

3 comentaris a l'entrada “Equilibrar la balanza”

  1. Un segundo ha dit:

    Hola, este relato me gusta pero, (siempre hay un pero) lo curioso es que no acabo de pillarlo.
    porfaaaa
    gracias.

  2. Oke ha dit:

    Si te ha gustado, pero no lo has pillado, quiere decir que tú lo has hecho todo bien, y yo lo he construido mal. Creo que en clase de “intención literaria” me iba a jugar al futbolín. Me descubres también que es posible gustar sin ser entendido. Es un alivio!

  3. Un segundo ha dit:

    Hola, me he leído el de médico de familia y francamente me lo he pasado muy bien, si es que se puede decir esto.
    Este me ha quedado bastante claro.
    No he encontrado el último relato premiado. Igual no lo has puesto todavía.
    Bueno sigue así lo haces muy bien.

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