Dormir menos de… es morir

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Se entrenaban para estar muertos. Nadie nacía con el talento necesario para saber morir. Adquirirlo requería mucha dedicación: unas ocho horas al día, una tercera parte de sus vidas. Desnudos, retando al sudario, o protegidos con el atuendo litúrgico, se entrenaban para aprender a estar quietos, tumbados y con los ojos cerrados. Cuanto menos se entrenaban más fácil era morir. Si renunciaban al adiestramiento, triunfaban. Se entrenaban para ser los últimos y fracasar. Adormecidos, soñaban que era posible soportar esa contradicción inventando dulces sueños, pero de vez en cuando una pesadilla les recordaba que estaban muertos. Sólo los más afortunados podían despertar.

2 comentaris a l'entrada “Dormir menos de… es morir”

  1. Un segundo ha dit:

    Muy bueno, ánimo cualquier día te llaman ¡Qué puntazo!

  2. Oke ha dit:

    Muchas gracias. Por echar unos cuantos segundos en este rincón y por esos ánimos buenos!

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