¿Risueños en tiempos aciagos?

manelmagrinya | Articles variats | Monday 27 April 2009

Cuando el brazo de la democracia echa un pulso difícil, siempre está en inferioridad de condiciones.

Las portadas de los diarios del pasado sábado estallaban. ¡4.010.700 parados! Una cifra tremenda y, sin embargo, abstracta, intraducible: habría que sumar uno a uno todos los dramas personales a que hace referencia. ¡Uno por uno, empezando por el primero, hasta llegar al número 4.010.700!

Cada sumando de la inagotable lista acarrea sus propias dificultades, a cuál más insoportable. A muchos se les agotó ya el subsidio: se agarran a la familia, visitan Cáritas, se alimentan en comedores sociales. En un millón de familias ya no entra un sueldo. Se habla de nuevas formas de apoyo público: caridad política, poco más podrá hacerse. ¿Qué decir de los miles de cincuentones ya sin futuro a pesar de los años que tienen por delante? ¿Y qué, de las legiones de jóvenes inactivos? Cada generación recibe las cualidades que necesita para afrontar las dificultades de su tiempo, escribió Ernst Jünger: ¿también esta que inicia su itinerario en el preciso instante en que el sistema se hunde?

Mientras las portadas de los diarios del sábado lamentaban la tremenda cifra del paro, algunas fotografías políticas ilustraban, como es habitual, las páginas interiores. Las más reproducidas fueron las de Rosa Aguilar, comunista de toda la vida que presidía el único ayuntamiento importante controlado por Izquierda Unida. Aguilar era recibida entre aplausos por sus nuevos y endomingados compañeros del Gobierno socialista andaluz. Vestida de lila y blanco, sonreía de oreja a oreja, verdaderamente complacida, aunque cerrando los ojos con un resto de timidez. Un nuevo cambio de chaqueta. No de carácter ideológico: personal.

En aquel sábado, dominado por el drama del paro, Mariano Rajoy y Dolores de Cospedal, de gira electoral por la Mancha, se fotografiaban como dos felices turistas frente a una escultura de Don Quijote. Algunos diarios reproducían asimismo la instantánea de un melancólico presidente Francisco Camps en ajustadísimo traje gris brillante, de seda salvaje o, quizás, de alpaca. La flamante ministra de Hacienda, Elena Salgado, no aparecía en fotografía.

Pero se reproducían sus rogativas a los periodistas de no confundir la cifra de 4.010.700 con el Apocalipsis. Es de suponer que pronunció tales palabras con su característica frialdad de mujer inaccesible. La pose quizás era glacial, pero sus palabras reflejaban miedo al miedo: negó por dos veces, casi como san Pedro, la cifra de cinco millones de parados. El miércoles, en el Congreso, el ministro Corbacho había acusado a un rival de alarmista por anunciar los cuatro millones que se publicaron el sábado. Esto sí es una pandemia, y no la de México.

Un rotativo también reproducía, en este dramático sábado, el rostro del anterior alcalde de Sanlúcar. Un tipo de ojos esquivos que, según una auditoría, dejó en el ayuntamiento, sin reconocer, facturas por valor de 14 millones, después de agotar el presupuesto con sus concejales de confianza a base de mariscadas, champán, montecristos e interminables llamadas a líneas eróticas.

Más allá del drama personal de los parados, el peligro del momento es que el malestar social se asocie a los casos de corrupción política, que salpican a todos los partidos. Si tal asociación se produce y cunde, la espiral populista será difícil de contener. El populismo antidemocrático contaría, además, con un chivo expiatorio de recambio: el extranjero. Recordemos que en los barrios más diezmados por el paro, los autóctonos y los forasteros compiten por los subsidios y los escasos empleos.

En los deprimentes años treinta del pasado siglo europeo se desató un vendaval antidemocrático debido a la incapacidad de los partidos centrales para captar la verdadera naturaleza de los tiempos. Parece obvia la dificultad de los partidos y líderes de nuestra política actual para adaptarse a los cambios que la repentina crisis introduce. Con candidez pasmosa, siguen transmitiendo ante las cámaras lo mismo que transmitían en los buenos tiempos. Todavía nos cuentan, como si de un regalo para nuestros oídos se tratase, la importancia de sus listas, sus ambiciones de campaña, su interés gremial y, naturalmente, el desprecio que les merece el interés del contrario. Todavía están en manos de los publicistas que venden mensajes edulcorados, escenografías grandilocuentes y espectáculos posmodernos. ¿Qué motivos tienen para aplaudirse y felicitarse tan efusivamente en sus actos? ¿Risueños en tiempos aciagos? No basta, pues, con limpiar a fondo las vergüenzas de la corrupción.

Si de lo que se trata es de capear la pandemia del paro, porque no hay fórmulas mágicas ni antivirus para combatir la crisis, al menos deberían los partidos idear una nueva liturgia política: más austera y sobria. Acorde con los miedos y dificultades del momento. Alejada de la irritante felicidad endogámica, de los juegos tácticos y de los ataques con que, intentando aplastar al adversario, hunden la democracia en el fango.

El sistema democrático parece consolidado en España. Pero la tendencia a buscar respuestas simples a los problemas complejos lo está muchísimo más. Basta dar un vistazo al pasado. En nuestra tradición, cuando el brazo de la democracia echa un pulso difícil, siempre está en inferioridad de condiciones. Y más en un momento como el actual, en el que, por primera vez en muchas generaciones, el futuro tiene el rostro más feo que el presente.

Antoni Puigverd, La Vanguardia Digital de 27/04/2009

En nom de la llibertat

manelmagrinya | Articles variats | Friday 24 April 2009

 Aquest argument amb què ara es defensen els torturadors de la CIA l’hem sentit altres vegades: ho vam fer per defensar la seguretat i la llibertat dels ciutadans, la cultura i la civilització que compartim. Ho deien també els militars argentins i xilens quan perseguien els revolucionaris dels anys setanta amb mètodes que ja havia utilitzat l’exèrcit francès a Algèria als cinquanta.

En nom de la seguretat, la llibertat i la civilització es practiquen tota mena de turments. Aplicant la lògica, podem sospitar que els que es publiquen aquests dies són els més suaus. Allò que ha passat a les presons secretes que la CIA ha tingut a tot el món aquests últims anys val més no imaginar-ho. Guantánamo ha estat l’aparador i l’advertiment urbi et orbe, un recurs d’intimidació. L’infern de debò deu haver sigut a Egipte, a Romania, en indrets insospitats, en aquestes antigues presons abandonades dels règims comunistes que els serveis secrets nord-americans van reciclar per a la guerra contra l’islamisme violent d’aquesta primera dècada del segle.

Un gest d’un simbolisme intens. No ens interessa la morbositat dels detalls ni la trama política i militar subjacent. Amb el temps s’anirà sabent. Allò que ens interessa és el canemàs intel·lectual, la justificació d’aquests horrors per fer-los digeribles per a les famílies que es passegen unides els caps de setmana. És, en definitiva, la vella dialèctica maquiavèl·lica entre el fi i els mitjans. El fi és, suposadament, tot allò que dèiem, la seguretat, la llibertat, etcètera. Els mitjans són brutals o, en el llenguatge dels qui els apliquen, diríem que són eficaços, una expressió més neutra, menys emocional. El mal per aconseguir el bé. I, és clar, quan el mal obté allò que es considera el bé, ja no és un mal, sinó que és un mitjà útil i legítim.

Existeix una extensa doctrina sobre aquesta qüestió, impregnada de teologia i vinculada a la inquisició catòlica del XVII i del XVIII. Allò que condueix al bé no es pot anomenar mal, sinó que és un instrument de la justícia i de la llei. Abans s’utilitzava en nom del regne de Déu; ara, en nom de la llibertat.

Miquel Pairolí, El Punt Digital, 24/04/2009

Obama destapa la caja de los truenos

manelmagrinya | Articles variats | Friday 24 April 2009

 Para lo malo y para lo bueno, Estados Unidos sigue siendo una democracia. La única, posiblemente, que no ha censurado en plena guerra, la publicación de los crímenes cometidos por sus soldados.

Supimos de los abusos y vejaciones a los presos de la prisión de Abu Ghraib en Bagdad. También nos enteramos de que en la cárcel de Guantánamo se vulneraban los derechos humanos y las convenciones internacionales sobre los presos de guerra.

La administración Bush nunca autorizó el derecho a conocer lo que estaba ocurriendo la guerra de Iraq. Me acuerdo de las sonrisas del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, mientras los cielos de las noches de Bagdad ardían por los bombardeos.

Estados Unidos tenía y tiene la mayor fuerza militar del mundo. Pero cuando decidió abandonar el derecho y la ley su autoridad moral quedó seriamente perjudicada.

El presidente Obama ha tomado la decisión de dar a conocer los informes del Departamento de Justicia que autorizaban el abuso y la tortura de los detenidos en la guerra de Iraq.

Ha tocado una de las cuestiones más delicadas y sensibles que son competencia de un presidente: la seguridad nacional. En un Washington dominado por los republicanos durante casi treinta años, es una decisión audaz que puede poner al descubierto lo que la CIA y otros organismos paralelos han perpetrado en nombre de la seguridad nacional.

Los responsables de las medidas para combatir el terrorismo son los altos cargos que autorizaban unas acciones que no responden al carácter abierto, democrático y humanitario que las instituciones deben tener en Estados Unidos.

Se trata en definitiva de que los americanos y el mundo entero sepamos quién, cómo y cuándo se adoptaron las decisiones políticas para llevar a cabo este tipo de acciones que no responden a la tradición liberal de la constitución americana.

Es interesante el editorial del The New York Times publicado hoy y que pide el derecho a saber. Dice que los americanos tienen el derecho a saber quién tomó las decisiones que vulneraban la ley y la Constitución para permitir la tortura.

También pide saber los argumentos legales que llevaron al ex presidente Bush a autorizar las escuchas telefónicas y los correos electrónicos de muchos americanos.

No sé cómo le va a salir esta iniciativa a Obama que empieza a levantar la ira de muchos republicanos en Washington. El editorial pide saber los razonamientos legales, el planeamiento y la autorización que estaba detrás del programa de Bush denominado “rendición extraordinaria”, según la cual se enviaba a personas a países donde se sabía que iban a ser torturados.

Algunos gobiernos europeos no sólo estaban al tanto de las decisiones de Washington sino que se ofrecían secretamente para colaborar con Bush.

El argumento es impecable: hasta que estas cuestiones sean esclarecidas no hay posibilidad de asegurar que no se repetirán en el futuro. Por lo tanto, es precisa una investigación exhaustiva sobre esos hechos.

El presidente ha invitado indirectamente al Congreso que prosiga estas investigaciones. No descartó tampoco la posibilidad de que se derivaran responsabilidades penales al más alto nivel que podrían alcanzar a la ex secretaria de Estado, Condeleezza Rice, al ex vicepresidente Dich Cheney y al ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

El derecho a conocer los hechos no debilita a las democracias sino que las fortalece. No pasó nada cuando Nixon fue obligado a dimitir en agosto de 1974. El país no cayó en la confusión política sino que se fortaleció.

Obama es valiente al autorizar estas acciones. Pero puede medir mal sus capacidades políticas en un país en el que el establishment militar y de las agencias de inteligencia están demasiado consolidados en Washington.

Es un riesgo pero, a la vez, es una necesidad, una decisión audaz que haría recuperar el liderazgo moral norteamericano que fue dilapidado con unas teorías y unas políticas que iban en contra de la tradición liberal de Estados Unidos.

 

Lluís Foix, La Vanguardia Digital, 24/04/2009

 

Guante de seda, mano de hierro

manelmagrinya | Articles variats | Friday 24 April 2009

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La seda que cubre la mano de Rajoy cubre también el lamento tripartito. Como era de esperar, lamentablemente, Mariano Rajoy no se atrevió a dar el paso de estadista que le pedía el editorial de La Vanguardia.Visitó Barcelona, le encantó la fiesta de Sant Jordi, pero, ante la nube de periodistas que le preguntaban por el recurso del Estatut, se reafirmó en las posiciones ortodoxas del PP. “Es lo que hay”, remató, castizo. Al parecer, en su entrevista con el president Montilla hablaron del Barça. La de Rajoy ha sido una visita zapateril. Elogios al Barça, a las rosas y los libros, pero distancia sideral con el catalanismo.

El catalanismo no es la única manera de entender Catalunya, pero tiene un arraigo y un peso determinantes. El estadista de altura será (si alguna vez llega) aquel que se atreva a saltar por encima de la ruidosa barrera de la incomprensión y el mutuo desprecio. Un estadista de altura ingeniaría un puente entre la tradición catalanista y la españolista (tradición, esta última, que forma parte del legado que heredó el PP).

Ingeniar un puente implica gestos de gran calado, como retirar el recurso del Estatut. Gesto que tendría otras consecuencias positivas en la política española: desbloquearía la tensión interregional en este momento, tan delicado, en que España necesita todas sus energías para enfrentarse a la crisis. Pero los ideólogos del PP y su entorno mediático saben del rendimiento visceral que tiene en España insistir en la avidez catalana (un tópico de los tiempos de Felipe IV). Están convencidos, además, de que está llegando el momento de una España a la francesa: uniforme y jerarquizada desde la capital. Creen que la debilidad de Zapatero obligará al PSOE a doblegarse al modelo del PP (ya es así en el País Vasco) y creen que el lento declive de Barcelona (y del catalanismo) hará el resto. Aprendida la lección del exceso aznarista, aceptan el guante de seda de Rajoy. Pero la mano es de hierro.

Dicha estrategia, servida con amabilidad gallega, tiene su equivalencia simétrica en la simpatía profesoral del portavoz de ERC, Joan Ridao, tan encantador como irredento en el programa Tengo una pregunta para usted.A la pregunta de si está a favor de un Estado federal, contestó: “Para federarse tiene que haber dos partes que quieran hacerlo”. Parecía lamentar la ceguera de una España que impide el federalismo, modelo que ensambla libertad con unidad. Pero seguidamente definió el Estado federal como un mecanismo transitorio para ejercer “el derecho democrático a decidir”.

Ridao sembró confusión: ¿quiere quedarse (y de ahí el lamento) o quiere irse (y entonces cuanto peor mejor)? Esta es la confusión que sembró en España todo el proceso del Estatut. No habríamos llegado en Catalunya al actual punto sin retorno, a este callejón ciego, sin los errores inherentes a la cultura tripartita: exigir comprensión, pero coquetear con la separación. Exigir afecto, pero negarse a darlo.

Antoni Puigverd, La Vanguardia Digital, 24/04/2009

Sant Jordi 2009

manelmagrinya | Els divendres poètics | Thursday 23 April 2009

Sant Jordi duu una rosa mig desclosa

pintada de vermell i de neguit.
Catalunya és el nom d’aquesta rosa
i Sant Jordi la porta sobre el pit.

La rosa li ha donat gaudis i penes
i ell se l’estima fins que sap a on;
i amb ella té més sang a dins les venes
per poder vèncer tots els dracs del món.

Josep Maria de Sagarra

Ayer

manelmagrinya | Els divendres poètics | Thursday 23 April 2009

Los días niños cantan en mi ventana

 

Las casas son todas de papel

y van y viven las golondrinas

doblando y desdoblando esquinas

 

Violadores de rosas

Gozadores perpetuos del marfil de las cosas

Ya tenéis aquí el nido

que en la más ardua grúa se os ha construido

 

Y desde él cantaréis todos

en las manos del viento

       

Mañana

 

Mi vida es un limón

pero no es amarilla mi canción

                                   

 Limones y planetas

 en las ramas del sol     

 cuántas veces cobijasteis

 la sombra verde de mi amor

 la sombra verde de mi amor

 

 

La primavera nace

y en su cuerpo de luz la lluvia pace

 

El arco iris brota de la cárcel

 

Y sobre los tejados

mi mano blanca es un hotel

para palomas de mi cielo infiel

 

Gerardo Diego, 1921

Mirar a Europa

manelmagrinya | Articles variats | Wednesday 22 April 2009

Estem vivint uns temps de canvis dels quals no coneixem exactament l’abast ni cap a on ens porten ni com serà la nova realitat una vegada traspassada la frontera de l’ahir al demà. Són transformacions de fons que normalment no es detecten amb el pas de les hores i els dies però que actuen amb la contundència de les forces de la natura, com veiem en l’explosió de cada primavera, que canvia i enriqueix els rostres dels paisatges. Hi ha aproximacions pessimistes i optimistes sobre què hi haurà al final d’aquesta sacsejada tectònica que en diem crisi però que té més l’aspecte d’una revolució silenciosa que està canviant els hàbits, els costums i la manera de relacionar-se amb els que tenim més a prop i amb el món sencer. La visió pessimista seria la del començament del segle passat, quan Europa vivia en pau, progrés i renovació. Els europeus començaven a anar de vacances a les platges, i el ferrocarril era un nou i revolucionari instrument per anar d’un cap a l’altre del continent, com exposa magistralment Josep Maria de Sagarra a les seves Memòries, que acaben l’any 1914 i que, per cert, són un dels llibres en llengua catalana més importants, com em deia sovint Nèstor Luján al voltant d’una bona taula i vins exquisits. Era l’Europa que començava a socialitzar el telèfon i els telegrames. No es coneixia la guerra des de la darrera confrontació entre Alemanya i França l’any 1870, que s’havia acabat solemnement al Palau de Versalles amb la declaració de la unitat alemanya i amb la presència a París dels vencedors, encapçalats pel kàiser Guillem I i pel Canceller de Ferro, Otto von Bismarck.

Itàlia havia consolidat la seva unitat, que es produí en paral·lel a la d’Alemanya, i Europa semblava que encarrilava un període de pau i de convivència que es perpetuaria en tot el segle que s’acabava d’encetar. El primer ministre britànic, el liberal Herbert Asquith, governava a Downing Street des de l’any 1908. Aquell juny de 1914, Asquith s’embarcava als voltants de Marsella amb el seu iot per passar uns dies de vacances a la Mediterrània. Europa vivia temps d’eufòria, el continent estava en pau i Anglaterra controlava els mars i els oceans. De sobte, una bala assassina liquidà l’hereu de la Corona austrohongaresa el 26 de juny a Sarajevo i el continent entrà en una guerra ferotge que en només uns mesos havia sembrat centenars de milers de morts als camps de batalla continentals. Asquith tornà precipitadament de vacances mentre Alemanya posava en marxa la maquinària de guerra penetrant en territori francès i mobilitzant totes les potències per aturar aquell primer Reich.

Aquest és el relat pessimista i negatiu que es podria desprendre d’aquella joie de vivre que acabà en la primera gran guerra civil europea del segle passat. No hi ha motius per pensar que la història s’hagi de repetir de la mateixa manera. Mentre els europeus siguem conscients que els valors de la convivència, la pau i el respecte mutu entre els pobles i les nacions són inqüestionables, no hi ha motius per ser pessimistes. M’apunto categòricament a la visió optimista que està escrita en la història del nostre país en acabar la dictadura i entrar en el període més llarg de llibertats, de progrés i de convivència que mai hagin conegut Catalunya, Espanya i Europa. Es miri per on es miri, ha estat un èxit, no només perquè hem viscut en democràcia sinó també perquè les societats europees i els seus dirigents anaven en la mateixa direcció sabent que l’alternativa era tornar a les endèmiques velles lluites i al fracàs col·lectiu.

Seria interessant que aquestes fites aconseguides fossin objecte del debat públic en atansar-se la campanya de les eleccions europees. Ja sé que no serà possible, perquè potser no donem importància a com som ara i com érem fa quaranta anys. És evident que Catalunya es troba en un moment de desconcert, a causa de les dificultats per resistir les campanyes de menyspreu que vénen d’un Estat que no té la valentia i el coratge de fer que simplement es compleixi la llei de l’Estatut i que d’una vegada i per sempre es reconegui amb fets i amb diners el que legalment està establert per una llei orgànica.

Els temps són delicats. Hi ha sectors, cada vegada més amplis, desenganyats d’una Espanya que no compleix els seus compromisos envers Catalunya. Aquest govern o el que vingui haurà d’exigir que es compleixi la llei. La sortida cap a la independència és tan legítima com impossible per ara, per la senzilla raó que el dret d’autodeterminació difícilment seria acceptat per una majoria de catalans. Però si el president Montilla, que té la possibilitat de plantar-se i dir prou, no es fa valdre aviat amb la força que tenen els seus companys de partit a Madrid, seran cada vegada més els catalans que giraran l’esquena a una Espanya que sembla que no ens vol. I quan un fa nosa en un lloc, el més prudent es anar-se’n educadament.

Dit això, em preocupa i molt que el gran edifici europeu construït amb l’esforç i la valentia de tants quedi escarransit i aigualit per la cobdícia d’uns i d’altres, que en comptes de mirar des de dalt observin la realitat des del campanar del poble.

Lluís Foix, a l’Avui Digital el 22/04/2009

¿Tercera vía o callejón ciego?

manelmagrinya | Articles variats | Monday 20 April 2009

Mucho antes de que el sociólogo británico Anthony Guiddens publicara su ensayo sobre la renovación de la izquierda, el concepto tercera vía ya se practicaba. No, por supuesto, en el sentido que le dio el nuevo laborismo de Tony Blair: vivificar el viejo legado igualitarista con los valores de la conservación y la libertad. Pero sí como el intento de terciar entre dos caminos antagónicos.

En realidad, socialdemócratas y democristianos, constructores históricos del Estado del bienestar, fueron ya terceras vías. Clavaron una cuña entre el capitalismo sin alma y el comunismo. Y la cuña fructificó hasta convertirse en modelo indiscutible.

Todo intento de terciar entre dos antagonismos que sitúan a la sociedad entre la espada y la pared suele ser una tercera vía. El PSC lo es. Se sitúa entre los nacionalismos español y catalán. Aunque, para ser realmente una tercera vía, no basta con flotar en posición equidistante. Ni tampoco con proponer una superficial suma de diferencias (esos esbozos simbólicos que el PSC pergeña cada mes de abril promoviendo la feria andaluza sin dejar de agasajar a Sant Jordi).

Para ser una verdadera tercera vía hay que ingeniar y hacer visible un itinerario nuevo, cosa que el PSC, por múltiples razones, no ha podido o no ha sabido hacer. La falta de relato emotivo y la abstracción de su objetivo final (el federalismo del PSC no es menos brindis al sol que el soberanismo de CiU o el independentismo de ERC) no han impedido a los socialistas catalanes desarrollar un trabajo fundamental, nunca suficientemente valorado: evitar, por encima de todo, el choque de trenes en el interior de la sociedad catalana. Tal posición debe calificarse de moderada en el sentido más profundo del término.

Permítanme una metáfora futbolística: si Jordi Pujol fue, en su largo tiempo de hegemonía (del que la etapa actual no es más que un lento epílogo), un delantero centro goleador (restaurador de los valores nacionales catalanes), el PSC de los Obiols, Maragall y Montilla ha sido un fornido defensa central. O un medio de contención muy físico que, abarcando mucho terreno, ha evitado el peor gol que podía haber recibido Catalunya: el enfrentamiento entre grupos lingüísticos, la escisión entre sentimientos de pertenencia.

No han faltado puristas del sentimiento catalán o del español, que han pugnado para situar a la ciudadanía entre estas peligrosísimas espada y pared. Pero el PSC, captando el talante catalán contemporáneo (que, si no es partidario de la concordia, sí, al menos, de evitar líos y problemas), ha cubierto un amplísimo terreno que va del catalanismo histórico a la inequívoca vinculación española que se desprende de su hermandad con el PSOE.

Diversos elementos contribuyen a alimentar la idea de que las posibilidades de mantener este equilibrio se están agotando. La oleada inmigratoria de los últimos diez años, cierta caída del prestigio de la cultura en catalán, la impaciencia de muchos jóvenes catalanohablantes educados en el catalanismo y la impaciencia simétrica de muchos jóvenes castellanohablantes hostiles a la hegemonía moral de la catalanidad.

En el contexto de una crisis económica, que radicalizará la competitividad entre grupos y agudizará la visceralidad, tales factores sugieren que el papel moderador del PSC será cada vez más difícil.

Y si, por razones sociológicas, se agota el tiempo interior catalán favorable al abrazo interno y a la síntesis, también se agotan, por razones políticas, las posibilidades de que el PSC encuentre aliados a su proyecto de otra España. El último giro de Zapatero es claro y significativo. En su presentación de los nuevos ministros, silenció el principal latiguillo de los pasados años: “La España plural”. Y recuperó una expresión aznariana: “Cohesión territorial”. La tercera vía del PSC no encuentra eco en España. La presión periodística contra las autonomías, tachadas de dispendiosas, el discurso intelectual contra la pluralidad lingüística y el éxito de la beligerancia sin cuartel contra el abertzalismo otorgan al PP la hegemonía moral. Y a Zapatero no le restan más juegos que los de la magia (Manuel Chaves y José Blanco intentarán practicarlos en los próximos días).

En este contexto, Catalunya tiene cada vez más estrecho el margen de maniobra. Y el PSC se encuentra en una encrucijada que le obliga a forzar hasta extremos insoportables su tercera vía.

Consiguientemente, el doloroso parto del Estatut y la reedición del Govern tripartito invitan a reflexionar sobre una paradoja que no es infrecuente en la vida cotidiana: a veces es peor una victoria que una derrota.

Antoni Puigverd, a La Vanguardia Digital, 20/04/2006

El mapa más escandaloso

manelmagrinya | Articles variats | Sunday 19 April 2009

tren.jpgQuienes gobiernan esa España que ayer se comía el mundo y hoy sufre una avería económica escalofriante tampoco quieren que una vía ferroviaria de ancho europeo recorra el litoral mediterráneo en dirección a Bruselas – desde Algeciras a Portbou, desde Málaga a la frontera francesa, desde Almería al otro lado del Pirineo, desde Murcia hasta la tierra de Ninette…-para abaratar las exportaciones de hortalizas y manufacturas; para que los coches de la Ford de Almussafes lleguen a los mercados de Carolingia con un menor coste de transporte, y para que los puertos de Barcelona (2,56 millones de contenedores en el 2008), Tarragona (16,8 millones de toneladas de productos petrolíferos en 2008) y Valencia (3,5 millones de contenedores en el 2008) configuren una potente red europea de captación de mercancías de Extremo Oriente (el nuevo centro del mundo) y Oriente Próximo. No lo quieren, no. En propiedad, no existe en la España del siglo XXI un moderno mapa del tren de mercancías. La gran apuesta ha sido la carretera. No hay planes ambiciosos para el transporte ferroviario. Nadie ha movido un dedo para que el litoral mediterráneo, además de atracción turística y reino de la especulación inmobiliaria, pueda ser una gran cinta de transporte al alcance de los setenta barcos que a diario cruzan el canal de Suez en busca de los mercados europeos. Es un escándalo El motor turbo de los últimos quince años (negocio inmobiliario, turismo y abaratamiento de los servicios gracias a la inmigración masiva) se cae a pedazos, y en ningún despacho de la Administración central española se trabaja en serio con un mapa que en Bruselas conocen bien (Observatorio Espon, 2007), un mapa que también ha llamado la atención de los gobernantes alemanes porque esboza una posible alternativa a los poderosos puertos del Rin (Rotterdam, Duisburgo, Mannheim…). Es un escándalo.

El presidente del Gobierno habla de un nuevo modelo económico español, sin citar ni una sola vez la importancia del eje o corredor mediterráneo. Qué raro. ¿Será porque la sola mención del Mediterráneo levanta suspicacias tierra adentro, donde el PSOE tiene a su más fiel electorado? Si ese es el motivo, el presidente Zapatero podría hablar de la España del Este, expresión más a juego con la nueva línea táctica de su partido. ¿En qué consiste realmente el nuevo modelo económico? ¿Sólo en llenar el país de molinillos de viento y placas fotovoltaicas? ¿En vender una retórica hueca, un marco sin contenido, un relato cosmético? Es un escándalo.

¿Qué hará el nuevo ministro de Fomento cuando descubra, si no lo ha hecho ya, que su antecesora – aquella señora que hace cinco años hablaba de corregir la España radial-,ni se tomó la molestia de someter a estudio el tramo Castellón-Valencia de alta velocidad? El ministro José Blanco, jefe hasta ayer del aparato del PSOE, se halla ante una interesante disyuntiva: aceptar el consejo de la geografía política (apuesta estratégica a medio y largo plazo: eje mediterráneo), o someter la geografía al inmediato interés electoral (ahogar al PP valenciano y alejarse de los incómodos catalanes). Sería un escándalo.

Enric Juliana, a La Vanguardia Digital, 19/04/2009

Abril

manelmagrinya | Els divendres poètics | Friday 17 April 2009

Com un ocell posat
a dalt de tot d’un arbre,
Abril vigila el seu temps
alerta, que tot canvia.

L’herba més petita de les plantes
verdeja mentides de bon temps,
i el cel, ara gris, ara bon dia.

Entre el polsim daurat
que fan els plàtans
passa la gent indiferent,
entre espurnes vives i ferides
canta i ajuda el vent.

Un abril em va portar
per l’aire una cançó,
el meu amic la cantava,
també la vull cantar jo.

Ai, abril, mes amorós,
aire de llum,
vol de llavors!

Què ens durà el riu d’abril
dins el corrent:
aigua neta, aigua bruta,
bones hores o mal temps?

Seran de mort o de vida
aquestes flors?
Jo vull la del meu amic,
clavell de bones olors.

Estimat, no estiguis trist
si et costa alenar;
si no ens ha canviat el març
un bon abril ho farà.

 

Maria del Mar Bonet

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