LA PERFECCION

manelmagrinya | Els divendres poètics | Friday 27 March 2009

Queda curvo el firmamento,

 compacto azul, sobre el día.

 Es el redondeamiento

 del esplendor: mediodía

 

Todo es cúpula .Reposa,

 Central sin querer, la rosa.

 A un sol en cenit sujeta.

 Y tanto se da al presente

 que el pie caminante siente

 la integridad del Planeta

 

(Cántico 1928-1950)

 

Jorge Guillen

Síndrome catalán de Diógenes

manelmagrinya | Articles variats | Monday 23 March 2009

¿El que tira bolsas de pintura a los Mossos es un héroe de Troya o un chaval que desborda testosterona?

La única manera de no disgustar es no tocar nada. Cualquier decisión de gobierno busca un objetivo, pretende conducir a cierto puerto. Naturalmente, tal decisión molesta, perjudica o desagrada a alguien. Cada gesto del gobernante gusta y disgusta a la vez. Pero si un gobierno quiere gustar siempre o duda por sistema ante las protestas, pierde la autoridad. Un gobierno alcanza autoridad moral si sabe sobreponerse a los silbidos que sus gestos provocan. Los aplausos sólo son audibles, si llegan a serlo, en el momento de las elecciones.

Jordi Pujol, Felipe González y José M. ª Aznar fueron tan aplaudidos como abucheados. Pero no acostumbraban a amilanarse ante la opinión pública desfavorable. González se enfrentó a su partido, convocó el referéndum de la OTAN que partía el corazón de su electorado y capeó huelgas generales. La fuerza de Pujol se originó en la agonía del franquismo, defendiendo el personalismo católico y un catalanismo tradicional en un entorno en el que imperaban el marxismo ideológico y el sesentayochismo. Chocando sin complejos con el antifranquismo cultural, puso en evidencia el vicio de la izquierda catalana: el esteticismo (antes abandonar la realidad que distanciarse de la fantsía ideológica).

El gobernante no debe acomplejarse ni asustarse ante el ruido ambiental, pero tampoco olvidar que las orejas sirven para escuchar. Aznar sobreexcitaba su entorno electoral suscitando reacciones alérgicas entre sus adversarios. Conducía como un Alonso por las complejas carreteras de la política. Quería llegar cuanto antes a la Segunda Transición. No pudo frenar. Confundió coraje con autismo.

En la Catalunya gubernamental de hoy sobran orejas. Hay tres pares de ellas, y cada par es sensible a ruidos distintos (sin contar las opositoras, cuya sensibilidad al malestar se da por descontada). En la Catalunya política sobran dudas y frenazos, sobran miedos y zozobras. Y falta coraje. Naturalmente, también sobra ruido. Catalunya es campeona mundial de la protesta, del lamento, del qué hay de lo mío, del tira y afloja. Y el periodismo catalán, reconozcámoslo, adora este ruido: entroniza el conflicto, aumenta los decibelios de cualquier pequeña causa y se muestra incapaz de distinguir entre anécdota y categoría. Entre lloro falso y lloro verdadero.

Catalunya tiene “un síndrome de Diógenes existencial: acumulamos todo tipo de experiencias de mierda”. La contundente frase procede de una ácida novela de Llucia Ramis: Coses que passen a Barcelona quan tens 30 anys (Columna). La narradora se refiere a la experiencia vital de los jóvenes de su generación, pero la idea puede trasladarse perfectamente a la visión que nos damos los catalanes a nosotros mismos a través de este periodismo adicto al desastre. En una de las fotos que hemos visto del día después de la batida policial a los estudiantes, un joven se dedica a tirar bolsas de pintura a unos Mossos que protegen el Palau de la Generalitat. ¿Es un revolucionario o un gamberro? ¿Un héroe de la guerra de Troya o un chaval que desborda testosterona en el primer día de primavera? Da igual: una legión de fotógrafos lo rodea esperando la próxima experiencia fecal: que un policía se harte de ser bombardeado con pintura y le atice unos porrazos.

El síndrome catalán de Diógenes conduce al colapso. El conseller Saura, empapado del esteticismo de nuestra izquierda, queda paralizado ante el ruido. Paralizando a su vez al Govern, que debe capear un nuevo temporal, y a la política catalana en general, atrapada en un nuevo pollo, refocilándose en nuevas heces. Saura nos habla de sus sentimientos, pero no es un poeta romántico, sino el conseller de la policía. En el Reino Unido, el ministro del ramo habría solucionado el tema optando por una de estas dos salidas. En caso de considerar excesiva, pero no delictiva, la actuación policial, afirmaría con flema que la policía tiene el monopolio de la violencia y que la vida es dura, amigos periodistas, pues en toda acción necesariamente contundente son inevitables los daños colaterales. Y en caso de considerar delictiva la actuación policial, dimitiría, asumiendo, como jefe político de la policía, su responsabilidad.

El síndrome catalán de Diógenes conduce al colapso. Lo percibimos estos días en medio de la polvareda de la enseñanza. Se persigue todo a la vez: educar a los niños malcriados, integrar inmigrantes, defender la pública sin menoscabo de la privada, dar respuesta al malestar de los profesores, borrar la frontera que separa normalidad de diferencia, mejorar el rendimiento académico, favorecer la igualdad… ¡Todo a la vez no puede ser! Hay que jerarquizar y establecer prioridades. Y, por encima de todo, hay que desbrozar el camino escolar. El pacto de la educación iba a aclarar las cosas, ¿alguien sabe ahora dónde estamos? Sí. Sabemos que, por causa de la educación, hay follón en el interior del tripartito y en el interior del PSC; que la entente PSC-CiU está en crisis, y que los maestros protestan. Más confusos que ayer, pero menos que mañana.

Entre la fascinación periodística por las heces y la incapacidad de los líderes para mantener el rumbo, Catalunya se dirige al colapso. Atrapada por la tentación de la inocencia de que hablaba Pascal Bruckner. Nadie quiere saber nada de los aspectos negativos de la existencia humana; y menos, de aquellos aspectos en que uno tiene alguna responsabilidad.

Antoni Puigverd, a La Vanguardia 23/03/2009

PALABRAS PARA JULIA

manelmagrinya | Els divendres poètics | Friday 20 March 2009

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

J.A. Goytisolo

Crisi i impotència

manelmagrinya | Articles variats | Friday 13 March 2009

Que cal convertir la crisi en una oportunitat és un eslògan de manual. Certament, aquest és el bon camí, però el cas és que no s’aconsegueix el propòsit només pel fet de repetir la frase com una jaculatòria, o com diuen ara, com si fos un mantra. Per tal que la crisi sigui una oportunitat cal que es produeixi una presa de consciència radical que permeti un canvi profund de mentalitats i d’actituds. I això no es produeix automàticament. D’entrada, i si no hi ha una adequada comprensió de què significa una recessió econòmica com l’actual, el pànic a la crisi no fa res més que agreujar-la. I és per això que, sense un lideratge sòlid que orienti el conjunt de la societat, que li proporcioni prou confiança en ella mateixa i que ho faci amb força per generar adhesions en tots els fronts, la crisi només acabarà sent això: un pou fosc la fondària del qual només se sabrà quan es produeixi la patacada final.

Doncs bé: tinc la impressió que la societat catalana encara no respon de manera adequada a la crisi. Ara com ara, davant els discursos més alarmistes –que en això sí que excel·lim– es produeixen fugides cap endavant i en perdigonada, reacció més pròpia d’una dispersió que no pas del moviment concertat que faria falta. Empresaris contra entitats financeres, directius de banca contra mitjans de comunicació, periodistes contra sindicats, sindicalistes contra governs, dirigents polítics contra organitzacions empresarials, i vinga donar voltes i passar-se les culpes. Tot i que ja fa un any que es va començar a percebre clarament –qui ho volia veure– que s’ensorrava el castell de cartes, hi ha sectors que encara no han fet ni el més petit moviment en la direcció adequada. Per exemple, que enguany als funcionaris ens augmentin el sou un 3,5 per cent és un escàndol tan gran que hauria d’avergonyir els sindicats que ho van pactar fins a retractar-se’n. Això sí que seria un gest de gran importància econòmica i de gran força simbòlica. I que hi hagi institucions públiques que a aquestes alçades del drama encara no hagin donat cap instrucció per reduir els seus pressupostos –parlo del món que conec– fa posar els pèls de punta. I així, successivament.

En aquest marc d’anàlisis catastrofistes però de pocs moviments de fons, cal reconèixer que les paraules –sempre tan escasses– del president Montilla al Cercle Financer de La Caixa van en la bona direcció: realisme, fermesa, esperit de sacrifici, revisió de la gratuïtat total dels serveis públics, reducció de costos per millorar la productivitat… Ara bé: el drama és que Montilla, que és un home amb un gran sentit de les proporcions i del ridícul, sap que no pot anar gaire més enllà d’apuntar camins, però sense poder fer de guia. Fa l’efecte que el govern de Catalunya s’ha mogut prou bé i que s’estan resolent molt positivament algunes de les grans amenaces que queien damunt de l’economia industrial del país –Sony, Nissan, Seat…–. Però pel que fa a les grans decisions estructurals que caldria prendre per fer que la crisi esdevingués veritablement una oportunitat, el cert és que la responsabilitat no la té el nostre govern. Per això, Montilla es manté en un discret –per bé que actiu– segon terme, i es limita a suggerir allò que creu que Madrid hauria de decidir.

A Madrid, però, no fan els deures. Com em deia un amic fa pocs dies, cada vegada és més clar que seguir confiant en Espanya és jugar amb foc. La insensatesa cada dia està més de la banda dels unionistes, és a dir, dels catalans que encara confien en una solució espanyola per als problemes de Catalunya, més que no pas dels qui creiem que només la independència ens permetria prendre les grans decisions que calen per situar el nostre país al món. I amb la crisi, més que mai. El discurs de Montilla al Cercle Financer de La Caixa ho fa més clar: tant de bo el president tingués el poder necessari per liderar la sortida de la crisi i no s’hagués de limitar, amb guants de seda, a fer una crítica velada de la inacció del govern espanyol. És clar que el president català podria seguir l’estil de Pujol, i segons com el de Maragall, que consistia a simular que lideraven fins i tot en allò en què no tenien competències. Aquesta ha estat una pràctica habitual del catalanisme per superar les limitacions del seu escàs poder: el fer com si. Però és cert que també té els seus riscos si al final has d’acabar de la mateixa manera: suplicant que Madrid t’entengui, t’estimi, li agradis, et perdoni i, si li plau, et salvi.

Tanmateix, el problema del lideratge de la crisi no es limita al paper del nostre president. A Catalunya ens afecta més profundament que en altres latituds pel fet que, per tradició, en sabem poc de liderar. Ens falta sentit institucional i de l’autoritat; respecte per la jerarquia i a aquesta, sentit de la responsabilitat; capacitat per crear equips que treballin en la mateixa direcció; intel·ligència comunicativa… El drama és que, mentre els governants espanyols confien que caurà el mannà del cel, als catalans ens costa passar de la consciència de l’abast de la crisi, que la tenim, a la capacitat per gestionar-la, que no és a les nostres mans. Ens falta sentit d’Estat. De fet, ens falta Estat.

Salvador Cardús i Ros a l’Avui, 13/03/2008

Cant d’enyor

manelmagrinya | Els divendres poètics | Friday 13 March 2009

 

 

Ni que només fos
per veure’t la claror dels ulls mirant el mar.
Ni que només fos
per sentir el frec d’una presència.
Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.

Ni que només fos

Pel suau lliscar d’un temps perdut al teu costat.

Ni que només fos
recórrer junts el bell jardí del teu passat.
Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.

Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.
Ni que només fos
perquè sentissis com t’enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.

Lluís Llach 1985

Matí de febrer al Camí de Les Aigües.

manelmagrinya | Els divendres poètics | Friday 6 March 2009

 

 

                                      La meva filla i jo

                                      anem junts a caminar

                                      pel  Camí de les Aigües

 

Mira:

els ametllers estan florits i encara,

el mar al fons, udola la muntanya

ferides d’un hivern que no s’esmuny.

Caminem cap a enlloc, com venim fent

des del segle llunyà en què ens varem conèixer,

abans de que existíssim tu i jo.

      Parles i jo escolto o ets tu qui escoltes

paraules que sabem que no cal dir:

junts des d’abans del naixement del temps,

sabem que no són certs ni el temps ni les paraules

- les mentides del dia que ens envolten,

mentida el propi dia, mentida de la nit -.     

       I així seguim, l’un al costat de l’altre,

pel camí de la única, segura   

eterna veritat de tots els móns:

els ametllers florits entre nosaltres.

 

                       

                                               Mi hija y yo

                                               vamos juntos a caminar

                                               por el “Camí de les Aigües”.                                                                 

                                                            

                              Mira:

                        los almendros en flor y todavía,

                        al fondo el mar,  aúlla la montaña

                        heridas de un invierno no huye aún.

                              Caminamos hacia ninguna parte,  

                        como venimos hacemos desde el

                        siglo lejano en que nos conocimos,

                        antes de que existiéramos tú y yo.

                              Hablas y yo escucho o tú me escuchas         

                        palabras que sabemos no hace falta decir:

                        unidos desde antes de que naciera el tiempo,

                        sabemos que son falsos el tiempo y las palabras

                        – las mentiras de hoy que nos rodean,

                        mentira el propio día, mentira anochecer-.

                             Y así seguimos, uno al lado de otro,

                        por el camino de la única, segura

                        eterna realidad de cualquier mundo:

                        los almendros en flor entre nosotros.

 

                                   Màrius Miró

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