“El peor de los pecados es no haber sido feliz” (Borges)

Enviat el 14 August 2007 per Lola Márquez.
Categories: Lectures inspiradores.

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En sus habitualmente sencillas y sabias palabras, el Dalai Lama nos dice: “Consiero que el propósito de la vida es ser felices. Desde el momento en que nacemos, todos los seres humanos deseamos ser felices y no queremos sufrir”. Sin duda, todos sin excepción perseguimos y compartimos el mismo anhelo de bienestar y goce.

Sin embargo, la felicidad nos llega como regalo frecuente cuando hemos hecho nuestras tareas y ordenado nuestro mundo interior y nuestra red de vínculos y relaciones, y cuando nos atrevemos a caminar en la vida en la dirección de lo que nos mueve o nos conmueve o impulsa de verdad. O bien, la felicidad nos alcanza como don más estable cuando, en confianza plena, nos sintonizamos e inclinamos ante los vientos siempre caprichosos de la vida, aunque quizá nos lleven lejos de donde creemos que nos gustaría ir.

La primera felicidad se siente cuando tenemos lo que queremos y ocurre lo que deseamos. Cuando las apuestas que lanzamos a la vida son correspondidas. Es la felicidad pequeña del pequeño Yo que vive en cada uno. Algunas noches nos acostamos y sentimos que todo está bien y en su lugar, y nos dormimos tranquilos y agradecidos. Tomamos con alegría lo que la vida nos da. Es un sentimiento bello que atesora la misma cualidad de todos los sentimientos: ir y venir.

La otra felicidad es más grande y exigente. Se experimenta cuando nos sintonizamos con los propósitos más grandes de la vida aunque no encajen del todo o nada con nuestros deseos personales. Es la que hace posible dibujar una sonrisa en los labios, en medio de la peor tormenta. Es la que confía en la inteligencia de la realidad tal como es. Es la que nos trae luz a través de lo aparente oscuro. Como leímos en alguna parte “la desgracia abre el alma a una luz que la prosperidad no ve”. Es la que nos lleva a soltar con alegría lo que la vida nos quita. No es la del pequeño Yo sino la del ser esencial en cada uno que se rinde al amor y a la plenitud de la vida tal como es. Y a su misterio. No se trata de la felicidad como sentimiento sino como estado.

Los que únicamente buscan y se aferran al primer tipo de felicidad en exclusiva, sufren. Los que luchan por la felicidad de lo que poseen y al mismo tiempo se preparan para la felicidad de perderlo algún día y recuperar la desnudez original, fuente y océano del ser, se llenan en cada instante.

Ojalá podamos comprender lo que promete nuestro personal viaje a Itaca tal como expresa Kaváfis “No has de esperar que Itaca te enriquezca. Itaca te concede un hermoso viaje”. Y esto, en sí mismo, ya nos colma.

Institut Gestalt

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