anar a nevagció

El desierto de Lhasa de Sela 14 March 2012

Publicat per muriel a: Còlera, Iniciació, Resurrecció de la dona salvatge, Vivències per compartir , afegeix un comentari

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Homenatge a Virginia Woolf 29 March 2011

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“Una baixa al pou i res la protegeix de l’assalt de la veritat. Allà baix no puc ni escriure ni llegir; no obstant això existeixo, sóc.” (Diaris, 1926) [extret del fullet del CCCB amb motiu de l'exposició Fars del segle XX].

Ahir, 28 de març va fer 70 anys de la seva mort: http://www.lavanguardia.es/hemeroteca/20110328/54131789612/el-suicidio-de-virginia-woolf.html

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Chantal Maillard: Escribir 15 December 2010

Publicat per muriel a: Cicatrius, Iniciació, Instint de conservació, Suggeriments i recomanacions , afegeix un comentari

Hace tiempo que queríamos editar este poema de Chantal en nuestro blog. Como humilde homenaje. Palabras-grito que abren boquetes, palabras-extenuadas que curan, palabras-rayos que transmutan.

ch-maillard.png

escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hacia la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
áperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir
para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

escribir

para desestructurar
para vencer
las estructuras
para contra
decir
lo dicho
para demoler

escribir

para desestimar
para aprender la delgadez del trazo
su vacío
habituarse a él
a su insignificancia

escribir
para insignificar

escribir

inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial

escritura como sortilegio

- volé esta madrugada
más alto que ninguna otra vez

Cada noche, en la duración de un grito
viene una sombra nueva

Cada noche, en la duración de un grito,
un alma acude a mí.
La acojo.
En el grito.
Ella no dura. Sólo se abre.
Y hay que entrar. Suavizar.
No hay que recordar.
Tan sólo entrar.
Respirando. –

escribir luego
para reforzar
los frágiles puentes
los conductos sutiles
con temor
de que se borren
en el espacio leve
entre lo presentido y lo sentido

Escribir
para desescribir
para desdecir
para reorganizar
las consciencias y
que cada una cumpla
su ceguera
El espacio de las almas
ha de guardarse oculto
En la palabra está el engaño

escribir pues
para confundir
para emborronar
y, luego, volver a escribir
en el orden que conviene
el mundo que hemos aprendido

escribir

como quien cuenta los pasos que da
por no oír el silencio
como quien cuenta pasos – uno, dos -
y se salta el tercero -cuatro, cinco-
para ver si se ha ido
para comprobar
pero no: sigue estando
y ya no dejará de andar
para contar los pasos
hasta caer exhausto
en el silencio enorme que se ensancha
entre sus piernas como un charco
de sangre

escribir

porque el héroe se hace con el miedo
sobre todo su miedo
a partir de su miedo
se hace héroe el héroe
ahuecando el miedo
y llenándolo de acción
para entumecerlo
haciendo tiempo en lo hermoso
haciendo tiempo en lo vivo

yo no soy ningún héroe
yo sólo escribo
para colmar la distancia
entre mi miedo y yo

escribir
“Se pone un abrigo de cuero.”
escribir
“Un hombre joven se levanta del asiento.
Se pone un abrigo de cuero.
Lleva gafas oscuras.
Se vuelve.
Su espalda es ancha.
Se dirige a la puerta.
No sé qué hará mañana.
No le conozco.
Ha cruzado la vía.
El cristal me devuelve mis ojos
y esa tristeza que se mide en mis labios.
El hombre joven tal vez camina hacia una casa.
Tal vez sea su casa.”

escribir
“En mi rostro el paisaje
- atravesándolo -
el paisaje.”

escribir
“Tiene las uñas recortadas.”
escribir
“Se desprende, muy lenta, de una frase,
la desliza en el cuaderno y espera.
Tiene las uñas recortadas
y una blusa de encaje.
Lleva una bolsa de color violeta
en las rodillas.
Cuando respira hace juego
con los versos de Sylvia Plath.
Hay un desfiladero en su mirada
y no termina de cruzarlo.”

escribir
para confundir las palabras
y que las cosas aparezcan

(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales
separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes…)

que las cosas presionen
que un mundo se abra paso
(Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta en un portal con un rayo de sol en su regazo.
La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo.
Crecer es ascender.
Crecer es ensancharse.
Crecer es romper límites.
Crecer es invadir…)

que estallen los cristales de mis manos
que abran ojos en las letras

(Hileras de olivos.
Sus sombras paralelas…)

escribir
para rastrear

escribir

para perdonar
para ser perdonado

¿Dónde hallaré al sacerdote,
al mediador, aquel que tenga
conocimiento de los límites
y el poder de traspasarlos?
¿dónde hallaré a aquel
capaz de arder sin consumirse
y, entre los muertos y los vivos,
ecualizar
transformar, ¡bendecir!?

escribir

para hallar la paz
después de haber hablado
con los muertos

escribir

para sellar la paz
para conciliar
en mí
para perdonar en mí

escribir

la culpa misma que golpea y se licúa
en el pecho
y surte y es agua que mana
con fuerza y que nos une
agua que forma
remolino de amor irradiando

todas las culpas son
el mismo sufrimiento
el de existir queriendo
queriendo serlo todo
queriéndolo todo
y todo está en mis manos
en esta encrucijada donde permanecemos
el tiempo suficiente
para sufrirlo todo

en mi interior barrunto el gran estruendo:
todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos

abrid los ojos: ¡ved!
es tan terrible vivir
¡quien sobrevive saluda!
morituri somos todos

toda la historia de tu estirpe
está presente y te reclama
como crisol
eres
la mediadora
operas
en ti misma el milagro
de la conciliación

y de repente soportas
el peso del mundo y su dolor
lo bebes todo entero.
Agradecida.

escribir

porque crujen las rodillas
y hay como un sueño
esperando ser soñado
justo detrás del dolor.

- Hoy observé las gaviotas.

He de volar muy alto esta noche.
He de volar sin lastre.
Hasta que amanezca.-

escribir
“otoño”
para recordar cómo
uníamos castañas con palillos de dientes
y surgían princesas y perros y dragones
y mi madre era hermosa
y ¿quién sabe? tal vez
fue feliz, también ella,
ese día.

escribir

para arquear el espinazo de las letras
a imagen del dolor
para trazar las líneas de la vida
líneas que se encogen
líneas retráctiles
como nervios apresados en la carne
como venas quebradizas
venenos infiltrados
en las arterias, líneas
que merodean en torno al corazón
calado por la angustia
y el cansancio
líneas como cables tendidos
entre una vida y otra menos vida
líneas ultracortas
líneas entrecortadas
líneas respiradero
líneas túnel
para desembocar
en el horizonte
recuperar allí
las fuerzas del principio pero
líneas quebradas
presionadas
oprimidas, líneas
de vuelta atrás
combadas sobre el tiempo
que queda
el tiempo que nos queda
termitero o volcán
vaciado por los seres (los insectos, la lava)
que operan desde dentro

líneas
de retroceso
¡si fuesen sólo al sueño!
pero no: más abajo.

escribir
como quien muerde un rayo
con los brazos en cruz

escribir
que sus pulmones se cerraron
como las alas de una
mariposa.
Dejó un rastro de polvo azul
en los dedos de quienes fueron
a tocarla

escribir
como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí
las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre
sobre agujas envenedadas

¡Despertad!
¡nadie podrá evitarlo!
sólo es cuestión de tiempo
contad los gritos que dais
en el fondo del agua
¡Contad los gritos!

cada cual con su dolor a solas
el mismo dolor de todos

- Alguien disimula. Sonríe,
devuelvo la sonrisa. Sé
que para él ya oscureció.
También él lo sabe.
Pero se esfuerza. Todos
nos esforzamos.
Gritar es esforzarse.
Gritar es rebelarse. -

escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio en blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?

¡y qué más da!

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.

La astucia del vacío: cuadernos de Benarés, Jesús Aguado 2 December 2010

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cubierta_astucia-del-vacio.jpg Me ha caído en las manos, no puedo soltarlo… Cada línea de este texto me devuelve a la India, ya me he ido, otra vez: el olor, el caos del tráfico, la profusión, el bullicio, los timbrazos, los mugidos, los altavoces, las sonrisas, los perros sarnosos, la transparencia del instante, su liviano pálpito, el suave velo del amanecer, vuelvo a emprender una conversación que no cesa (a veces sólo es un murmullo, un barullo interior) con Kali-la-negra, la Yagá, la devoradora, la deletreadora, la que sabe mi nombre, y lo desmiembra letra a letra… Así empieza el texto de Jesús Aguado…

Mañana corta mi cabeza y tírasela por el balcón a las ratas. Verás cómo mastican mis ojos, cómo arrancan a dentelladas mi lengua, cómo se abren paso a través de mis fosas nasales y se disputan a mordiscos mis sesos. Su bullir laborioso y desordenado atraerá a los chuchos, a los monos, a los buitres que sobrevuelan las orillas del Ganges, a cientos de insectos y de ranas. Entre todos no dejarán nada de mi cabeza. Cuando lo comprendas, vuelve a entrar en la habitación y ámame: sólo entonces podré corresponderte.

*

Los perros acostados, acurrucados, ausentes, sobre las cenizas hace horas apagadas de los fuegos del invierno. Los calienta el recuerdo del fuego, el fuego imaginado más que el fuego real, los calienta esa modalidad del fuego que es el no-fuego. Y duermen plácidos y ajenos a los timbrazos de las bicis y a la algarabía de los vendedores. Cada vez que los miro algo en mí crepita, desde algún lugar de mí se alza una llama.
Qué tentación: pedir que, a mi muerte, y despues de incinerado, hagan un montón con mis cenizas y las dejen en una de esas calles para que algún perro duerma sobre ellas.

*

Este es un lugar para los sentidos más que para el intelecto – o mejor: aquí el intelecto se metamorfosea en piel suave, en mano despierta, en lengua feliz.

*

El tráfico: un caos con sentido, un caos humano. Hay un mínimo de normas y un máximo de impulsos. Cada cual busca su espacio y siente el de los demás. Ciencia de los milímetros: nos rozamos pero casi nunca hay choques, golpes serios, atropellos. Desde arriba y desde fuera parece un nudo, una maraña soñando con una tijera liberadora, la madeja de un tejedor loco. Desde dentro es más bien como cualquier conversación: se cruzan los temas o se cambian por otros sin transición, se superponen dos o más voces, se grita o se ausenta uno durante varios segundos, se abandona sin conclusiones. El tráfico habla a gritos, pero dice algo inteligible y sensato: hazte un hueco, busca tu sitio; y hazlo no contra los demás sino porque eso es lo que esperan, lo que necesitan los demás para poder encontrar el suyo, para seguir avanzando sin accidentes. Coordinación instintiva que sólo en casos extremos recuerda alguna clase de código de la circulación. Más semejante a una bandada de aves, a un hormiguero o a un cardumen de peces, que parecen formar una especie de única mente colectiva, que a esa procesión de solitarios agresivos y castrados de nuestras carreteras. Un caos armónico frente a un orden infernal. Ambos producen muertos, sí, claro, y no sé cuál más según las estadísiticas, pero en el primero apostaría que sobre todo por culpa del cansancio físico y en el segundo de frustraciones conscientes o inconscientes que estallan con violencia. En la India conduzco alerta: mis sentidos se despiertan y me cuidan, un regalo para el cuerpo y el alma que transportaré a otras experiencias mías; en Occidente conduzco en tensión (mi cabeza vigila a los que me vigilan, a los que me persiguen y me odian sin conocerme, a los que me sancionan, a los que buscan suicidarse acompañados sin saberlo), una carga que me pasará factura en el resto de mis actividades. Un diálogo que a distancia parece de sordos y es todo lo contrario el tráfico en la India; muchos monólogos yuxtapuestos el de Occidente. Atascos que parecen orgías (imposibles distinguir los miembros, todos se tocan con todos) y atascos que parecen tediosas procesiones de personas sin fe.

Ay, la incertidumbre… 17 November 2010

Publicat per muriel a: Creativitat, Iniciació, Retornar a casa , afegeix un comentari

Un párrafo-tornado de Clarice Lispector sacado de su libro La pasión según G.H.

Si tengo coraje, me dejaré seguir perdida.
Pero tengo miedo de lo nuevo y tengo miedo de vivir lo que no entiendo.
Quiero tener siempre la garantía de por lo menos estar pensando que entiendo.
No sé entregarme a la desorientación.
¿Cómo se explica que mi mayor miedo sea ser?

*

Un frase-guía de María Zambrano, al final de su precioso y luminoso librito Los bienaventurados, frase tantas veces citada en nuestros talleres…

Hay una esperanza que nada espera, que se alimenta de su propia incertidumbre: la esperanza creadora; la que extrae del vacío, de la adversidad, de la oposición, su propia fuerza sin por eso oponerse a nada, sin embalarse en ninguna clase de guerra.

Un mapa fractal para nuestros descensos (1): rastreando los poemas-trazos de Chantal Maillard 3 February 2010

Publicat per muriel a: Iniciació , 1 comentari fins ara

“Observarme en la pena, en el dolor, y construir o, simplemente, sobrevivir. Sin esa escritura, sin ese decirme desde la distancia que la escritura procura, no habría sobrevivido a tanta pérdida”

“El mí: husos. Un haz de husos tensos”

“Se deslizan tus ojos por los caracteres impresos. Hay cierto placer en esa redundancia de lo escrito. Paradójico placer, cuando lo escrito, en vez de consolidar la superficie, la horada”
Chantal Maillard

Chantal Maillard, a menudo, habla del escribir como de una estrategia de resistencia. Exorcismo. Conjuro. Letanía. Grito, rebeldía. La lucidez y el exorcismo como estrategias para sobrevivir, para abrir(se) paso. El núcleo mismo de su escritura, tanto en sus diarios como en sus poemas, ha sido siempre la conciencia. Su tarea de escritura es un modo de entrenamiento en la observación de ese yo que, a su vez, observa su mente,
revelando sus mecanismos, sus trampas, sus jaulas, su ambigüedad esencial. De esta manera, para Chantal, la escritura se torna, como decía ella misma haciendo referencia a la pintura de Michaux, “un instrumento para el testigo”. Testigo de sus devaneos, de sus trayectorias inciertas, de sus descensos…
Sus poemas son sus trazos, sus trazas, rastros depurados en la página que se convierte en un mapa fragmentado y abierto sobre varias dimensiones; cada poema, un objeto fractal.

Ofrezco aquí este rastreo de los poemas y de los textos en los que Chantal Maillard hace referencia al dentro y al abajo, ese descenso al “Jaos” (al Caos, al Tao). Son los poemas-testigos de sus descensos, de sus bajadas, de sus abismos, profundidades, declinaciones, declives, ocasos… Me parece que este amplio recorrido viene a bordear la orilla de nuestro “trabajo lobuno” en nuestra tarea de ahondamiento con el cuento de los siete descensos: “La doncella manca”.
Descender. Gritar. Balbucear. En la escritura, enmudecer. Habitar el abajo. ¿El dentro? ¿La nada? Trazar el trazo. Volver a la superficie. Sobrevivir. Vivir. Tal vez, el gozo. Sí, el gozo.

Muriel Chazalon
31 de enero 2010
_______________________________________________________

De Lógica borrosa:

INICIACIÓN

Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.

*

AXIS MUNDI

Desciendo
desciendo al cuerpo y hallo
– tenue bajada –
la lombriz de mi espíritu
alojada en mi vientre.
Subo, subo en espiral
hacia el motor del mundo
huyendo
huyendo del mareo
del mal de ser sola
tan sola entre las vísceras
subo al latido
me alojo
en su arritmia y descubro
mi rostro de lombriz
adherida a las válvulas
y asciendo
sigo ascendiendo en busca
de una razón que diera
sentido a mi existencia
me deslizo en la tráquea
bloqueo las palabras
asciendo
resbalo. Hay un agua
viscosa tras los ojos
resbalo y se me pegan
imágenes de un mundo
apenas insinuado
asciendo y al llegar
a la cúpula descubro
que sus paredes lisas
transparentes, vacías
tienen la textura
carnosa de mi vientre.
He bajado al espíritu
he subido al instinto.
La misma lombriz tensa
el eje que mantiene
erguida mi cintura.
El nombre que le pongo
ahora será el tuyo
pero su nombre es el
de aquellos que he amado
de aquellos que amaré
es todos y ninguno
el eje que mantiene
erguida mi cintura
me previene de ti
te crea a mi medida
y asume el reto
de ser muchos
de ser tantos
que da la impresión
que no cabrá mi espíritu
adentro de este cuerpo
que no cabrá este cuerpo
adentro de mi espíritu
por eso muero un poco
cada vez que te nombro
y sin nombrarte apenas
alcanzo a definirme.
Mi vientre es quien pronuncia
las sílabas secretas
que se inscriben arriba
en la cúpula.
Mi existencia es señal
de un fuego
que arde eternamente
en sí mismo.

***
De Hilos:AÚN

En superficie.
Para sobrevivir.
Para seguir viviendo sobre.
Aún.

Porque abajo no.
Y en el dentro no hay.
Abajo es dolor.
Aún.

Abajo no llora.
El llanto es el límite
entre arriba y abajo.
Abajo, atónito,
dice lágrima y
no entiende. Es más.

Más que lágrima. Llanto
detenido.
Por la caída.
Oblicua.
Entonces el rito.
La mano, a tientas con el óvalo.
Y el mí vuelve a decirse
en el trazo,
conmovido.

Y el trazo
conduce al mí más
abajo del abajo,
en el dentro
donde a veces se detiene

todo

*
EL TEMA I

Algo despierta y mira dentro
(el dentro de la superficie, que
no es un dentro sino un debajo, como
el forro de un abrigo), buscando algo
en lo que anclarse. Un tema, busca
un tema. Para

sobrevivir. – ¿Sobrevivir?
Decidme, ¿quién o qué
sobrevive? – Volver al tema.
En el tema el mí se reconoce
porque alguna parte suya
es afectada y se conmueve.
Como cuando las lágrimas. Por la imagen.

A la mente le gustan las
imágenes. Con ellas, teje.
Y el tejido hace mundo o lo refuerza,
lo hace consistente.

*
ESTRATEGIAS

Evitar las imágenes-dolor.
Apartarlas.
No abrir el abajo. Acudir
en superficie. Allí,

el grito cada vez más débil.
Una condensación del hálito.
Cierta condescendencia en
lo irremediable. No obstante,

cuidar el gesto bajo el hielo.
Salvar el hálito y prolongarlo.
La lucidez es frágil.

*

Ver cerrarse el día.
No como un libro
sino como una faja demasiado
apretada. La niebla, alrededor,
comprimiéndolo todo. – ¿ Todo?
– Todo es donde se está.

donde se está tan sólo hay
un centro que pronuncia y escribe.
Un centro, o una esquina.
Alrededor, como la niebla,
lo demás. Irreal.
Lo vivo, abajo. Inhabitable.

Oír sellarse las compuertas.

Querer sobrevivir
ha de ser la costumbre.

***
De Hainuwele y otros poemas/sección “Filosofía en los días críticos” (párrafo 290)

Arriba, tras la frente, ahí donde la mente engarza pensamientos, ahí donde tan a menudo construimos nuestra casa, arriba, las ideas brotan, incesantes.

Más abajo, en los poros, el mundo. El canto de un pájaro, el silencio cuyo cuerpo es un rayo de sol. Allí, bajo el flujo de los pensamientos, la vida. Bajo el proceso, lo simultáneo;
bajo la línea, la materia; bajo el texto, la totalidad de lo sólido.

Más abajo, el fuego. (Del fuego ahora no hablaré, pues está bien que esté contenido, sin dolor, adormecido por un tiempo con fines terapéuticos.)

Más abajo aún, el vacío.
El observador se sitúa en el límite, en el espacio intermedio entre el vacío y la existencia.

En la superficie, el texto, el mundo y el fuego. Abajo, el vacío.
El mundo se construye en superficie. El observador, en la línea de base, que no es línea, sino un espacio imperceptible, un no-lugar, una suspensión. Todo lo que hay se construye. Los personajes deambulan.

Abajo – ¿llamaremos “verdad” a aquellas profundidades? – no hay personajes, no hay nadie. Y, sin embargo, sé que allí es a donde pertenezco con mucha más razón, con mucha más fuerza. Pero legítimamente: según ley, el peso y la medida me otorgan un lugar en la superficie, un lugar y un tiempo; mi medida: el lugar; mi peso: el tiempo. Soy, en superficie, según lo determina la ley de la Posibilidad.

Y voy tejiendo. Fuera del abismo todos vamos tejiendo, y el “todos” es la primera gran hebra, la más consistente. “Todos” son los muchos que en el vacío del abismo eran uno y lo mismo. Todos es la primera diferencia que proclama la posibilidad del tejido. Tejer es la ley. En el límite, la conciencia se subordina.

He dejado de ser una y empiezo a conocer. En superficie, los tres ámbitos: fuego, materia – compacta y sonora –, y mente. Abajo: vacío. Yo vengo del vacío para poblar la superficie.
No hay otra realidad que ésta; la manera de moverse en ella es el deslizamiento. Cualquier otro movimiento desrealiza.

***
De Filosofía en los días críticos (párrafos 21, 288, 353)

21. Estar despierta abajo, en la oscuridad. Estar despierta es estar ahí abajo, en la cámara oscura. De lo que hablo es real, no es ninguna metáfora, ni es especulación. La conciencia
trascendental es un supuesto racional: no es de ello de lo que hablo. Hablo de un espacio, de dos espacios. El primero es un lugar compacto; el otro, ni siquiera es un lugar, aunque
bien podría denominarse espacio para situar lo que ocurre. En realidad, en ese espacio sólo hay eso: lo-que-ocurre. Pero la conciencia puede asentarse en lo-que-ocurre; de hecho es lo
que suele hacer; entonces se pierde como mirada inocente, empieza a cobrar peso, el peso de lo que ocurre en el agrado o en el desagrado. La mirada, la conciencia cuando es mirada
pura no tiene peso. Importa estar despierta, abajo, estar en lo oscuro, ahí, despierta, sin peso. En la superficie: el reino de las imágenes, imágenes-llamas, imágenes en llamas. A partir de la mirada que surge de lo oscuro, hagamos leves las imágenes, hagámoslas lo que son, atrevámonos a jugar sin perder de vista el juego.

288. Toda la existencia transcurre en superficie. Luego está el embudo, abajo, con el gran agujero.
Situarse en superficie: vivir.
Situarse abajo: nada. Descanso. Nada.
Todo ocurre en superficie. Yo que quería ver la “realidad” allí, en la existencia, quería elevar el agujero, instalarlo en la superficie, llamarle “profundidad”. Ciertamente, el vacío es lo más auténtico de mí, pero en él no hay nada, ni yo misma. Yo ocurro en superficie, con todos los que sufren por querer ser algo más que vacío. Y lo somos: no hay otra realidad más que la que construimos entre todos.
Tal vez todo sea más fácil; tal vez sea cuestión de decir quiero que me necesites como yo te necesito a ti; quiero que seas tú mi gran vacío; quiero ser yo el tuyo. Sólo así podré andar en superficie con el corazón sereno.

353. Mientras la mente se afana en cumplir el rito laboral, la vida, mi vida sigue su curso, por debajo. Algo sigue haciéndose, algo que transcurre ajeno al tiempo del suceso, algo que se construye sin que yo intervenga, algo, algo que soy, muy dentro, sigue su curso de la misma manera que quien duerme vive, sigue viviendo, respirando, mientras sueña. Me hago, me construyo sin saber, sin pensar, correctamente, sí, porque las pautas se trazan y se
siguen, ahí abajo, ahí adentro, sin que intervenga el miedo o el deseo, sin que intervengan más que las huellas que han dejado otros miedos, otros deseos que el cuerpo ha asimilado y tiene en cuenta. Todo se tiene en cuenta en el subsuelo, porque todo se acumula. Hoy soy un poco más que ayer, soy el resultado de lo que se teje bajo el sueño, bajo la ocupación diurna que es el sueño de los cuerdos. Cuando me detengo y ausculto las regiones interiores, abro el canal que comunica ambos extremos: el de arriba, en superficie, con el de adentro.
Entonces, no sé si se hace permeable la piel hacia arriba o hacia abajo, no sé qué es lo que afloja en superficie. Luego me doy cuenta de que aquel dentro no es más que una
resonancia de lo que ya había pronunciado al mirarme en el espejo. Bajo los actos cotidianos, mi conciencia entumecida repetía mi nombre, por costumbre, porque sabía que no tardaría mucho en volver a ella, pues nada me es más fiel que yo misma, esa condenada costumbre de volver a sentirme, a saberme a mí misma en todo lo que pienso, hago o deseo.
La tristeza no es sino la enfermedad del yo cuando se asola y se contempla en lo otro.

***

De Husos. Notas al margen

Descargada. No de un peso, no, de fuerza, de poder. Sin poder. No puedo. Desposeída de fuerza, no puedo poder. Deshabitada: sin hábito del dentro.

Necesidad de templo. Des-templada. Fiebre de ausencia en los dedos que crujen, rígidos. Ausencia en los huesos. Me florecen angustias en los dedos.

Entono un canto. Ocho notas. Entro en el tono de la angustia. Caverna, resonancia devuelta a su nota. Asolada reflexión de la materia en su germen. Sin cauce. No llega. No hay llegar. El mí quiere salirse. No, yo quiero salir del mí. Pero el cansancio. Me re-pliego.

Repliegue en el mí. El menor esfuerzo: el pliegue ya trazado.
Sin embargo la fuerza, la fuerza del dentro. La que se agita y mengua, concentrada en sí misma, caverna del sí mismo que se ahoga en su esfuerzo por ser algo más que una y misma.

Despoblada. Enferma de des-población. Deshabitada del pueblo que fuimos, al unísono, sonido unificado, fuerza de los muchos. Desasida, desasistida de pueblo. Despoblada.

*

Mantenerse en superficie. Para sobrevivir. Ahuyentando imágenes como si fuesen osos merodeando en torno a los despojos. Osos que bajan de las montañas o vienen de las estepas heladas para alimentarse de pasado. Las sobras de los vivos, los que saben vivir en superficie, los que pueden, aún.

Mis subterráneos están llenos de metralla, fragmentos que se incrustan, día tras día, más hondos en la carne. Tan endeble, la superficie por la que me deslizo, que a cada paso temo la caída. Por eso me hago leve, tan leve que apenas respiro y me extraño de poder sostenerme en pie sobre la fina capa de hielo en la que me ejecuto.

*
Sobrevivir. A plazos. Plazos cortos. Plazos para sobrevivir. Vivir sobre.

Abajo, la aterradora, ineludible condición. Vivir a condición de sobrevivir. Condicionada al sobre. Dentro, nada. Dentro, llora. Infinitamente.

En superficie, entonces, deslizarse. O ni siquiera eso: morar en el plazo. Morar. Demorarse. A pequeñas sacudidas, des-plazarse. De plazo en plazo. Levemente. Tercamente. Para sobrevivir.

*

Granos de arena. Arena que se filtra en mis fronteras. Cayendo, verticalmente, en el dentro. Arena permeable, frontera móvil. Y en el límite forma dunas, promontorios que me alzan, me invitan a acudir a lo otro. Invitación a ser, desde el dolor aún, en lo otro.

Y el desierto ocurre en mí, salvando al mí, como salvan las fronteras los granos de arena. Apenas. Aún apenas. Sin persistencia. Como quien abre escotillas para el náufrago.

*

En superficie. Hablar en superficie. Vivir en dos niveles pero sobrevivir en superficie.

Incluso del otro nivel, el abajo, incluso del abajo hablar arriba, en superficie.

Abajo. Abajo, llora.

Y el grito, abajo. La punzada al descender, cada vez que se desciende. Igual, siempre, el antes presente, antes en el ahora. Ahora es siempre. Siempre antes. Ahora es siempre antes.
Ahí abajo. Y la punzada adentra, empuja en el adentro.
Entonces, el impulso. Y de nuevo arriba, en superficie. En el huso de la razón.
[…]
En el dentro, sangra. La herida se abre y sangra con el pulso. El grito la abre. O se abre y es grito. El grito es. Largo, inacabable. Yo lo habito. Habito el grito. Y lo escribo para dejar de oírlo, o para oírlo menos, atemperado en la redundancia del decir, demorado en su representación. Entonces las membranas se debilitan y remonto a la superficie, por un tiempo. Y lo ocupo. Ocupo el tiempo, ocupo la nada haciendo tiempo para seguir viviendo.
Para sobrevivir.

*

La superficie no resiste. Huyo hacia delante llevando el dolor cosido a los talones. Ninguna acequia en la que ahogarlo, ninguna huella en la que perderlo. Decido enfrentarlo como se enfrenta al cielo el desierto: a descubierto.

Habré de perderme a mí ya que en el mí se aloja todo dolor. Digo dolor para nombrarlo, exorcizarlo, y en el nombre me digo, para exorcizar el mí. Escribo el mí para que resbale hacia la página, pero se me pega a los dedos y no acierto, no acierto a diluir en la tinta el llanto. A sacudidas me digo, a sacudidas, la letra, y luego…

Contra lo irremediable me alzo, alzo el grito, contra lo irremediable. Vago por el mundo dejando un rastro de gritos. Cada saludo, un grito; cada sonrisa, un grito. Mi sonrisa oculta
el primer grito del mundo, el único, el mismo, aquel que brota en el final, cuando ya nada importa. Intrusa de mi mundo y del ajeno, no hallo lugar para el descanso. La fe de loscomienzos, no; el perdón, no. Sólo el balbuceo. La salvación, no. Sólo el balbuceo. Después del grito, el balbuceo. Asolada, el balbuceo.

*

Toda revelación ha de merecerse. Merecer: no se trata de merced concedida ni tampoco de gracia divina. Merecer es haber hecho hueco.

El sufrimiento abre hueco. El sufrimiento es la voluntad del mí (voluntad-deseo) anegada.
Por eso hace hueco. Libera el espacio donde la revelación adviene. Donde puede advenir, siempre. Siempre que haya desocupación. Abajo.

He comprendido el milagro. Vuelvo a la superficie. Ningún dios me ampara.

*

En superficie. Para sobrevivir. Para seguir viviendo sobre. Aún.

Porque abajo no. Y en el dentro no hay. Abajo es el dolor. Aún.

Abajo no llora. El llanto es el límite entre arriba y abajo. Abajo, atónito, dice lágrima y no entiende. Es más. Más que lágrima. Llanto detenido. Por la caída. Oblicua.

Y aún el rito. El rito de la mano que a tientas describe. Se describe, en el círculo. Que vuelve a decirse, se dice en el mí y se conmueve, en el decir se conmueve, hacia el trazo, en
el trazo.

Y al trazar conduce al mí más abajo del abajo, en el dentro
donde a veces se detiene
todo

*

Hablo de lo que importa a todos, aunque no a cada uno. Pues a cada uno, lo que le importa, verdaderamente, es abajo.
El adentro donde llora, en cualquier latitud.

*

Meditar… Sentarse a meditar… ¿Sentarse? No necesito sentarme. No necesito recordar el viejo hábito de mirar la propia mente desde un repliegue de la misma. Yo enfrento el Abismo por debajo de todo lo que ocurre, en los entrepliegues, en los diminutos agujeros de lo que ocurre o eso que llamáis vida cotidiana. Lo cotidiano, entendedme, lo cotidiano, para mí, es el Abismo. Me es más presente que yo misma. En, entre, debajo del mí asoma,
en las mil formas en que el lenguaje lo niega para hacerlo transitable. Hemos tenido que negociar con el abismo para poder existir. Lo hemos nombrado para poder convivir. Lo nombramos en todo lo que hacemos, en los gestos pequeños tanto como en los mayores. Pero a veces, sólo a veces, un gesto ocurre, que detiene el discurso. No es posible ya dejarse engañar. Todo lo más, tratar de vivir en el filo. Bascular allí. Y hacer como que logras engañarte, porque no te entenderían.

Y entonces dices. Lo dices con palabras al uso. Una y otra vez, lo dices, hablas de ello. Puedes hablar de ello, sí, pero sabes que no lo dices, en realidad. Cumples el ritual porque ellos creen comunicarse en la palabra. Y comunican hechos, sí, se comunican. Pero lo infinito del hecho, no; el Abismo, no. En la palabra, lo infinito se vuelve finito; los márgenes del Abismo permanecen inalcanzables.

En el Abismo, todos los infinitos convergen.

*

Ocupada por el gozo como por un intruso. Dentro, muy dentro, contra el otro dentro que insiste en el terror y la angustia o en la justicia de la condena. Contradiciendo la conciencia que se empeña en rebelarse. Contradiciendo la lucidez de la razón que a la razón obliga. Inconfesable gozo que despunta y dice recuerda los primeros albores de la dicha, antes, en la inocencia.

Contradiciendo la voz que inculpa y hace recuentos de los méritos. Contradiciendo el no que estalla como fruta demasiado madura. a pesar del anatema, de la blasfemia, penetrándola, sosteniéndola, sumándose a ella desde abajo, sin acallarla.

Liviano como los pájaros, mineral como las piedras, bajo el flujo de las palabras que reniegan, sobrellevándolas como la corriente de un río a las barcas y a los remos que la hienden, así el gozo, bendiciendo a quien de él se defiende, así

el gozo.

Handless Maiden/Doncella Manca: la visió de Wild Cherries 7 November 2009

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Sèrie de pintures sobre la dona sense mans publicades amb el vistiplau de l’autora. Per a més informació i per veure muntatges de video amb aquestes imatges podeu tafanejar el seu blog Wild Cherries: Mixed Media Artworks of a Bilingual Life

Alicia en el país de las maravillas 13 September 2009

Publicat per franciscomontserrat a: Iniciació, Suggeriments i recomanacions , 1 comentari fins ara

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Llorad, nos decía Muriel en la última sesión.

Las lagrimas son importantes, protegen y permiten que germinen las semillas de lo que nos defenderá.
Y recordé, las lágrimas y el descenso de Alicia, con óptica lobuna…
Alicia cae por la madriguera del conejo blanco, cae y cae, piensa que no acabará nunca de caer… y cuando llega al final, descubre un lugar con varias puertas, que conducen a otros mundos, a otras realidades… os suena??
A lo largo de su aventura, (proceso?) tendrá que cambiar de tamaño en diferentes ocasiones, a veces crecer, otras menguar… Tendrá que transformarse necesariamente, para poder acceder a donde quiere ir.
Alicia lo hace físicamente, nosotras (lo intentamos) mentalmente.
Pero lo que realmente le permite llegar al país de las maravillas, son sus propias lágrimas, derramadas en una etapa anterior, en la que tenía un tamaño mayor y que al hacerse más pequeña, se convierten en un verdadero río que la transportará, no sin esfuerzo, hasta su destino.
Alicia encuentra muchos animales en su viaje, como el gato de Cheshire. Ella mantiene con él esta conversación:

- Minino de Cheshire, ¿podría decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar- respondió el gato.
- No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el gato.
- ….Siempre que llegue a alguna parte- explicó Alicia.
- Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el gato – si caminas lo suficiente….

L’abisme 4 September 2009

Publicat per llobes a: Iniciació, Suggeriments i recomanacions , 1 comentari fins ara

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“Es difícil llegar a uno mismo. Tal vez porque también es difícil hallarse en situaciones desacostumbradas en las que sentirse absolutamente desamparado. Este es el problema: todo se nos ha hecho demasiado habitual, todo está siempre dispuesto. Y es que sólo las situaciones, digamos, “aporéticas”, aquellas en las que nos encontramos totalmente desprovistos de recursos, son las que , cerrándonos el mundo exterior, nos obligan a franquear los límites del nuestro, interior.

Nadie penetra en la profunda oscuridad de sí mismo si no es forzado por las circunstancias. El abismo atrae -es un tópico- pero para que la atracción sea algo más que un dirigirse incipiente, una inestable inclinación del ánimo, para que logre su fin y se convierta en caída, es preciso elaborar un paisaje que elimine la tentación del mundo: de lo acostumbrado, la llanura y sus colores; es menester que las formas hayan dejado de ser amables.”

Extret de Diarios indios de Chantal Maillard. – Pre-textos, 2005

Persèfone, reina dels inferns 9 August 2009

Publicat per llobes a: Iniciació , afegeix un comentari

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[reproducció d'una entrada del Blog de Mireia Rosich. Les imatges no guarden la disposició ni l'ordre original:]

Feia dies que volia repassar el mite de Persèfone, reina dels inferns, per la imatge arquetípica de passar d’ingènua a sàvia. M’he dedicat a buscar imatges, de Persèfone o el seu equivalent romà, Proserpina, i en surten moltes. Els artistes barrocs la van utilitzar amb imatges molt vibrants, Rembrant, Rubens, la famosa escultura de Bernini. Però també he trobat imatges de Prerafaelites, i alguna de més moderna, ratllant el còmic, i….., a la Mònica Belluci. En poso unes quantes i transcric el mite.

El mite

Segons la mitologia grega era una deessa, filla de Zeus i de Demèter, que es va haver de casar amb Hades, que regnava el món subterrani.

Quan Persèfone era jove s’anomenava Core, que significa «donzella». Hades, enamorat d’ella, un dia que Core va sortir a recollir flors, la va raptar per convertir-la en la seva esposa. Quan Demèter es va adonar que la seva filla havia desaparegut, es va posar a buscar-la arreu del món durant nou dies i nou nits, però no la va trobar. Al final va demanar ajuda a Zeus, que li va explicar el que havia passat i que Coré ja no era una donzella sinó l’esposa d’Hades i s’anomenava Persèfone. Això va fer enrabiar a Demèter i com que era la deessa de la fertilitat de la terra va prohibir que les plantes creixessin i aviat tot el món va ser un desert. Al final, Zeus va ordenar a Hades que retornés a Persèfone a la seva mare, però això ja no era possible perquè, mentre Persèfone havia estat als Inferns, havia menjat sis grans d’una magrana i tot aquell que provava l’aliment dels morts ja no podia abandonar aquell món. Però com que Persèfone només havia menjat sis grans, es va acordar que podria passar 6 mesos de l’any al món dels vius i l’altra meitat de l’any al món dels morts.
Persèfone tenia el poder de fer passar els vius al regne dels morts només tallant-se un cabell (el fil del destí).
A Roma se la va identificar amb Prosèrpina i el seu equivalent egipci era Isis. Totes tres simbolitzen el mateix, la llavor que penetra profundament en la terra fins que germina, brota i torna a sortir a la llum del sol.
Se sol representar com una noia jove amb un ram de narcisos a la mà (les flors que collia quan la van raptar) o asseguda en un tron de fusta (com a reina dels Inferns) o també al costat d’Hades, dalt d’un carro tirat per quatre cavalls negres.