anar a nevagció

La cueva de los sueños olvidados o cuando el espíritu guía la mano que pinta sobre la roca 18 July 2012

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Fascinante documental del cineasta alemán Werner Herzog que una vez más rompe con el género y lleva la tecnología del 3D a su verdadera dimensión.

El genio de Herzog nos hace descender en cuerpo y alma en las inquietantes profundidades de la cueva Chauvet, al sur de Francia, y asomarnos conmocionados/as a los albores del arte y del alma humana, ambos indisociables…

Unas maravillosas pinturas rupestres, las más antiguas hasta la fecha, conservadas prístinamente desde hace 32.000 años porque la entrada de la cueva quedó sepultada hasta 1994, se despliegan ahora ante nosotros en un infinito juego tridimensional de luces y sombras…

Aquellos impresionantes dibujos, hechos con carbón vegetal y pigmento de óxido rojo, se funden con asombrosa y delicada maestría cinética con el relieve de las paredes de roca rasgada… Huesos, cráneos, esqueleto de águila, arañazos de osos cavernario, lobos, hienas, renos, antílopes, bisontes, rinocerontes lanudos, mamuts, caballos, leones… todos ellos son invocados a la luz parpadeante de las antorchas, de las hogueras…

Y al fondo de la cueva, en un lugar de difícil acceso para las cámaras, la pintura de una mujer, sexo y piernas de una mujer ¿abrazada a un toro? ¿mujer-chamana, mujer-diosa, mujer salvaje…?

Muy recomendable.

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http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-cueva-suenos-olvidados/1443998/

Chantal Maillard: la mirada que da 26 January 2012

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No hay mirada que no modifique el campo del mirar.

Hay un mirar que da, y otro mirar que quita. El mirar que da es aquel que no sólo contempla lo que hacemos, sino que también se ocupa del objeto de esa acción. Es un mirar que aumenta la pulsión del gesto y lo acompaña. En cambio, el mirar que quita es el mirar crítico, aquel que cuando se dirige hacia nosotros nos despoja de la energía que nos hace ser lo que somos. Disminuimos. Se hace fuerte el que mira y nos somete. Sufrimos entonces algo parecido a un desahucio. El cuerpo queda como una cáscara, vaciado el dentro, abducido por la mirada ajena. Si el núcleo no es resistente nos sentimos “perdidos”.

Las opiniones fuertes –sobre uno mismo y sobre el mundo– hacen las veces de escudo. Preservan. El egoísmo es una defensa eficaz. Se confunde, por ello, fácilmente, con el núcleo. Pero el núcleo no es eso, no es el mí. El núcleo es un punto de energía neutra, sin juicios, sin opiniones:”pura”. El núcleo es condensación de energía, consciente a otro nivel, autoconsciente, a la que podemos remitirnos cuando bajamos las defensas, hacemos transparentes las murallas del yo y confiamos. Ella, esta energía mínima, centro, diosa interior o alma, tan oculta generalmente, tan porosa, sin embargo, la membrana que protege su acceso, ella no se inmuta, no le daña el mirar ajeno porque ella ve en el otro lo que su mirar oculta. Lo que recibe es la tristeza tranquila de aquellos puntos o núcleos que no se han desarrollado, que apenas palpitan, que a veces se extinguen. Lo que recibe es la quietud del fuego apagado, su ceniza, o a veces el rescoldo que aún espera ser reanimado. En el mirar que hiere y se adueña de su presa, ella ve cómo la energía-ego se apropia de sí misma en el otro, cómo se carga y se engorda, ve cómo va trazándose el puente entre las fuerzas de quien es mirado y quien mira, y cómo se entabla el pulso.

Los búfalos miran desde su centro. La calma del núcleo se instala, al tiempo que la neutralidad moral, cuando miro el búfalo mirarme.

No proyectemos nuestra moral en los animales, no los “domestiquemos”, no marquemos en su piel nuestras dicotomías. La moral es el convenio que regula las relaciones periféricas: las del mí. Las relaciones nucleares son del ethos. La ética es del habitar en lo propio allí donde la fuerza se iguala, condensada en la no-diferencia.

¿Qué es lo que de mí puede ser herido por las miradas? Aquello, vulnerable, que no pertenece al núcleo, aquello que pertenece al mí. El mí es lo inestable que recubre el núcleo. Materia de intercambio. De fusión a veces (en el amor). El núcleo está a salvo. Las heridas son agujeros en las capas intermedias, desgarros en la superficie, mordeduras, absorción. Intercambios, al fín y al cabo.

Dar, antes de exponerse a la absorción: evitar la violencia de aquel que necesita reforzar sus murallas, las capas múltiples que protegen su núcleo como la grasa el hueso al que recubre y el hueso al tuétano.

(Diarios indios. Pre-Textos. p.100)


Una vida ilimitada 22 September 2011

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Virginia Woolf, unos fragmentos de su obra “Al faro” para iniciar el nuevo curso 

“Era un alivio cuando los niños se iban a la cama. Ahora ya no tenía que pensar en nadie. Podía ser ella misma, existir por sí misma. Y de eso se sentía cada vez más necesitada últimamente: de pensar, bueno, ni siquiera de pensar, de estar callada, de estar sola. Todo su ser y su quehacer, expansivos, rutilantes, alborotadores, se desvanecían; y sentía, con una especie de solemnidad, cómo se iba reduciendo a sí misma, a un núcleo de sombra que se insinuaba en forma de cuña, algo invisible para los demás.

Aunque siguiera sentada haciendo punto, en la misma postura erguida, ahora era cuando empezaba a sentirse a sí misma, y todo su ser, habiéndose soltado de sus ligaduras, era libre de emprender las más insospechadas aventuras. Cuando la vida se sumerge durante un lapso de tiempo, el campo de la experiencia parece no tener límites. Y sospechaba que a todo el mundo le pasaría lo mismo que a ella, todos deberían haber probado alguna vez esa sensación de que nuestros recursos son ilimitados, haber sentido que nuestra apariencia, aquellos elementos por los cuales la gente nos conoce, no son más que puerilidades. Debajo de ellos todo está oscuro, se extiende, es inescrutablemente profundo, pero de vez en cuando nos elevamos a la superficie, y eso es lo que ven los demás. Su horizonte no parecía tener límites. Allí estaba la libertad, allí estaba la paz, allí estaba – y era lo que más se agradecía de todo – una convocatoria conjunta, el descanso sobre una plataforma de estabilidad.

Al perder personalidad, pierde uno la inquietud, la prisa, la agitación. Haciendo un alto en su trabajo miró hacia fuera en busca de aquel haz de luz que venía del Faro, aquella tercera ráfaga larga y uniforme, su ráfaga.

“Es curioso –pensó – hasta qué punto cuando uno se funde con las cosas, con los objetos inanimados – árboles, riachuelos, flores –, y se siente uno expresado por ellos, parece que llegan a convertirse en tu propio ser, notas que te conocen como si, de alguna manera, fueran tú mismo, y sientes una ternura irracional hacia ellos (miró hacia la ráfaga de luz larga y uniforme) como hacia tu propia persona.”

Per no oblidar qui som… 22 July 2011

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Muriel diu: “Os dejo un regalito lobuno para las vacaciones… no será que nos olvidemos quienes somos!!!!!”[kml_flashembed movie="http://www.youtube.com/v/g4_z7oaCYzg" width="425" height="350" wmode="transparent" /]

La visión no-dual de Schrödinger: “Eso eres tú” 10 November 2010

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Aquí va un extracto del libro “Mi concepción del mundo” del físico Erwin Schröndinger (1887-1961), padre de la mecánica cuántica y premio Nobel de Física en 1933, que constituye un testimonio, sin duda iluminador, acerca de algunos de los temas que, desde los últimos meses, van surgiendo en los talleres: ¿quién o qué soy?, ¿cuál es la naturaleza del yo?, ¿qué es la conciencia?, lo real y la apariencia, la unidad y la multiplicidad, la mente y la naturaleza, la presencia plena en el ahora y la naturaleza del tiempo… Schröndinger hace referencia en este escrito a la concepción vedántica, núcleo gnóstico de la tradición índica reflejada en los Upanishads, para la que “la pluralidad que percibimos es solamente una apariencia, no es real”. Y a continuación, nos ofrece la descripción de una experiencia y una profunda reflexión. Sus palabras reflejan el centro “invisible” de nuestra tarea lobuna.

” Supongamos que estoy sentado en un tronco junto a un sendero en una región de alta montaña. Estoy rodeado de laderas cubiertas de hierba, de las que emergen aquí y allí abruptamente algunas rocas; en la ladera opuesta del valle diviso un pedregal entreverado escasamente de arbustos de abedules. A ambos lados del valle, la vegetación trepa en pendientes escarpadas hasta alcanzar la línea de pastos donde cesa el arbolado; enfrente, remontándose desde las honduras del valle, se yergue poderoso un pico, de cuya cumbre desciende un glaciar entre suaves hondonadas cubiertas de nieve y agudas aristas rocosas, que en este momento acarician, tiñéndolas de un suave color rosa, los últimos rayos del sol poniente, destacándose todo ello en maravilloso contraste sobre el fondo azul, pálido y transparente, del cielo.

Según la forma ordinaria que tenemos de ver las cosas, todo eso que estoy viendo ha estado ahí durante miles de años antes de ahora, fuera de algunos cambios sin importancia. Dentro de algún tiempo, no mucho, yo habré dejado de existir, y esos bosques, esas rocas y ese cielo seguirán estando ahí más o menos igual durante miles de años después de que yo haya desaparecido.

¿Qué es lo que me ha sacado de la nada de un modo tan repentino, a fin de gozar por tan corto rato de un espectáculo al que resulto absolutamente indiferente? Las condiciones que han permitido que yo exista son casi tan antiguas como las rocas que contemplo. Durante miles de años, me han precedido otros hombres que se han esforzado, han sufrido, han engendrado, y otras mujeres que han parido a sus hijos con dolor. Tal vez hace cien años estuvo aquí mismo sentado otro hombre, y como yo, estuvo mirando a esa luz feneciente reflejarse en el glaciar, sintiéndose entre nostálgico y sobrecogido en su corazón. Como yo, había sido engendrado por un hombre y había sido parido por una mujer. Había sentido penas y breves alegrías en su vida, como yo mismo. ¿Era alguien distinto de mí? ¿No era tal vez yo mismo? ¿En qué consiste mi yo? ¿Qué condiciones fueron necesarias para que lo concebido esta vez fuera yo, justamente yo y no otro? ¿Qué significado científico claramente inteligible puede realmente corresponder a ese “otro”? Si mi madre hubiese vivido con otra persona distinta de mi padre y hubiese tenido de él un hijo, y mi padre hubiese hecho otro tanto, ¿habría yo llegado a ser? ¿O es que acaso vivía yo ya en ellos, y en los padres de mis padres, y así sucesivamente, desde hace miles de años? E incluso si fuera así, ¿por qué yo no soy mi hermano, o por qué mi hermano no es yo, o no soy yo alguno de mis primos lejanos? ¿Qué es lo que justifica el que nos empeñemos tan obstinadamente en descubrir esa diferencia – la diferencia entre mi propio yo y los demás – cuando objetivamente lo que hay en todos es la misma cosa?

Al pensar y ver las cosas de esta manera, es posible que de pronto caigamos en la cuenta de la profunda verdad que alberga la convicción básica del Vedanta: no es posible que esa unidad de conocimiento, de sentimiento y de decisiones a la que llamamos el propio yo haya saltado de la nada al ser en un momento dado hace apenas un poco de tiempo; más bien, ese conocimiento, sentimiento y decisión son en lo esencial eternos, inmutables y numéricamente unos y los mismos en todos los seres humanos, más aún, en todos los seres dotados de sensibilidad. Pero no en el sentido de que cada uno de nosotros sea una parte o una porción de un ser infinito y eterno, o un aspecto o modificación del mismo, como en el panteísmo de Spinoza. Porque entonces seguiríamos topándonos con la misma pregunta embarazosa: ¿qué parte o qué aspecto soy yo? ¿Qué es lo que objetivamente me diferencia de los demás? No es eso, sino que, por inconcebible que resulte a nuestra razón ordinaria, todos nosotros – y todos los demás seres conscientes en cuanto tales – estamos todos en todos. De modo que la vida que cada uno de nosotros vive no es meramente una porción de la existencia total, sino que en cierto sentido es el todo; únicamente, que ese todo no se deja abarcar con una sola mirada. Eso es lo que, como sabemos, expresa esa fórmula mística sagrada de los brahmines, que es no obstante tan clara y tan sencilla: Tat twan asi, eso eres tú. O también, lo que significan expresiones como: “Yo estoy en el este y en el oeste, yo estoy encima y debajo, yo soy el mundo entero.”

Podemos, pues, tumbarnos sobre el suelo y estirarnos sobre la Madre Tierra con la absoluta certeza de ser una sola y misma cosa con ella y ella con nosotros. Nuestros cimientos son tan firmes e inconmovibles como los suyos; de hecho, mil veces más firmes y más inconmovibles. Tan seguro como que mañana seré engullido por ella, con igual seguridad volverá a darme de nuevo a luz un día para enfrentarme a nuevos trabajos y padecimientos. Y no solamente “un día”: ahora, hoy, cada día, me da a luz continuamente, no ya una vez, sino miles y miles de veces, lo mismo que me va devorando miles de veces cada día. Porque eternamente, y siempre, no existe más que ahora, un único y mismo ahora; el presente es lo único que no tiene fin.”

La plaça del diamant 16 January 2008

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…i, amb els braços davant de la cara per salvar-me de no sabia què, vaig fer un crit d’infern. Un crit que devia fer molts anys que duia a dintre, i amb aquell crit, tan ample que li havia costat de passar-me pel coll, em va sortir de la boca una mica de cosa de no res, com un escarabat de saliva… i aquella mica de cosa de no res que havia viscut tant de temps tancada a dintre era la meva joventut que fugia amb un crit que no sabia ben bé què era…

Rodoreda, Mercè. La Plaça del Diamant

Dissabte vaig anar al TNC (Teatre Nacional de Catalunya) a veure una adaptació teatral de la novel.la La Plaça del Diamant de Mercè Rodoreda –una de les moltes activitats que aquest any es fan per recordar el centenari del naixement d’aquesta escriptora catalana-.

L’obra explica la història de Natàlia, coneguda universalment com a Colometa, i fa una crònica de la Barcelona de postguerra i molt especialment del barri de Gràcia. Natàlia és una de tantes noies que accepta amb resignació la seva vida i el seu matrimoni durant la Segona República Espanyola. Un cop acabada la Guerra Civil, en una Barcelona que ja no és la mateixa, Colometa vol deixar de ser Colometa.

L’obra em va emocionar -tot i la dificultat de portar una novel.la al teatre- perquè és la nostra història, la del nostre país i la de generacions de dones que han viscut una vida imposada i volia compartir aquest fragment -justament en aquests moments que estem tractant el tema de la còlera- en el qual la protagonista aboca tota la ràbia, per un passat de submissió, en un gest d’alliberament.

L’aneguet lleig 30 December 2006

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El conte de l’aneguet lleig tracta sobre la identitat i dins d’aquesta categoria podem anar fent les nostres aportacions sobre aquest tema