anar a nevagció

Chantal Maillard a Pròleg 23 Febrer 2010

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Chantal Maillard: un salto al vacío con tan sólo la trama del poema 28 Gener 2010

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Otra tarde gris y sin lluvia – tarde de invierno esta vez. Otra lectura de Chantal Maillard. La librería Pròleg se va llenando de gente. Finalmente llega Chantal acompañada por la poeta Concha García quien presenta el tema esencial que atraviesa toda la escritura de la filósofa-poeta: la conciencia… “Este estar aguijoneado por la conciencia se hace presente en todos sus textos. Nadie como ella piensa la conciencia misma, que es como el trazado de un camino mediante la indagación del yo, a base de observarse constantemente. La conclusión a la que se llega, sin ningún ruido, perturba: no hay nada… Con una meticulosidad de cirujana, Chantal nos muestra en el papel el doblez de la existencia…”

Luego, Chantal toma la palabra – o más bien… la busca… balbucea… “Buenas tardes… Confieso que por primera vez no he hecho los deberes… que no sé por donde empezar… que siempre tengo urdida una trama para la lectura… una trama que tiene que dar resultado, pues en esto consiste el arte y la poética… por supuesto es una trama-trampa… que con sus efectos, con su retórica, atrae, atrapa, engaña y así, sin querer, nos quedamos atrapados… no sólo en las palabras sino en lo que estas palabras soportan y portan a través de… Esta vez no tengo urdida esa trama… aunque cada poema es una trama por supuesto…”

Chantal Maillard, en verdad, está aquí esta tarde para presentar su libro “Hainuwele y otros poemas”. “Este libro es una recapitulación de la primera etapa mía, dice la poeta, hace mucho tiempo que lo he escrito, redondea algo que ha llegado a un término, es una obra que de alguna manera finaliza… No sé si para empezar otra cosa – o no.” Hace hincapié, en el proceso de su escritura poética, en la articulación entre los diarios y los libros de poemas: “Hubiese querido en esta lectura – “fui un poco ambiciosa”, reconoce - hacer algún tipo de recorrido y dar cuenta de cómo los diarios van engarzándose con los libros de poemas… Pero no sabía qué hilo coger… ¿De qué tema estamos tratando? ¿Qué es lo que se quiere mostrar? ¿Qué es lo que se quiere decir? Porque si no se quiere decir nada, es mejor callar. Como venía diciendo Concha, mi tema es la conciencia. Nunca fue otra cosa.” Entonces decide iniciar su lectura por el final, por la última página de Husos, transformada ahora en poema “El gozo”. “Así termina el cuaderno de duelo Husos que es una de las cosas más tremebundas que he podido escribir, confiesa Chantal, y sin embargo, termina con una página que trata del gozo”… Sin saberlo aún, empieza su lectura del mismo modo en que la acabará, con ese aleteo del gozo alzando el vuelo… “Como un intruso, el gozo/dentro, muy dentro/más abajo de la angustia/o el justo reparto de las culpas/Contradiciendo la conciencia que insiste en rebeldías/y hace recuento de los méritos/ Contradiciendo el no que estalla/maduro/entre los labios/y la razón que lo juzga blasfemia/Inconfesable gozo/que emerge en el dolor/como un aleteo en un campo de escarcha/y ajeno al eros,/libre de ansias y de anhelos,/ en su inocencia dice recordar los primeros albores de la dicha/ Liviano como un ave/arcano y mineral como la piedra/alzando como un río a sus barcas el aluvión de voces que lo niegan/así el gozo/bendiciendo a quien de él se defiende/así/el gozo”…

Lentamente, Chantal va estirando los hilos de sus pensamientos. A medida que se adentra en la lectura, se va transfigurando, y me viene a la mente una frase de nuestro querido Henri Michaux: “El arte es lo que ayuda a sacarle a uno de la inercia”… Chantal Maillard va transitando de un huso al otro, de una modalidad sentimental a otra, y nos lleva, mediante el hilo de su voz, desde el huso de los ciclos menstruales (“¡parece un tabú todavía hoy!”) al huso de la extrañeza, atravesando, visiblemente emocionada, el huso del dolor-memoria hasta el de la ironía, saltando del huso de la tristeza al huso del enamoramiento. “La conciencia: este es el tema, puntualiza Chantal. Es el tema de Husos, porque los husos son modalidades emotivas, sentimentales, tal como yo los veo… Y nos es posible saltar, de hecho lo hacemos continuamente, saltar de uno a otro… De manera que esto puede ser terapéutico… puesto que si nos alejamos de este “mí” que se va formando continuamente, cuando entendemos que lo que nos pasa nos pasa a nosotros, es decir, que el yo es el sujeto que soporta y construye, se construye, en esto que está viviendo… si podemos alejarnos, distanciarnos un poco de este “mí” que se va construyendo, podemos también observar cómo el dolor ocurre fuera de nosotros. De esto se trata. De esto trata el cuaderno Husos”… A lo largo de esta tarde, como si de una granada se tratase, Chantal Maillard va desgranando su obra: los textos de los diarios (“un cierto ritmo atraviesa la prosa poética”), los poemas (“cada poema es un artefacto, está trabajado, muy trabajado”), uno a uno, hasta llegar finalmente a Hainuwele. “Éste es un libro muy querido… Aquella diosa o joven… esa pequeña muchacha que camina por el bosque, sola, es algo muy tierno. Ella no sabe nada de eso de mirar el “mí”, no sabe nada del yo ni del observador del “mí”… Es otro tema… El observador es otro tema… Mirar los husos es otro tema… Todo son temas, todos son ideas… Nada cae fuera de los hilos, todo es un hilo… De manera que uno no puede saltar sobre su propia sombra, y nuestra mente, lo que llamamos mente, es nuestra sombra… Bueno pues, Hainuwele no sabe nada de todo esto. Hainuwele está enamorada. ¡Otro huso es el enamoramiento! Y tal vez, esa es la mejor manera de vivir – no de existir, de estar fuera, sino de vivir - simplemente de estar bien… Y ella vive… Hainuwele está enamorada del Señor de los bosques, y el Señor de los bosques por supuesto no existe, porque todo lo que hay en el bosque y el bosque mismo es el Señor de los bosques, con lo cual ella está enamorada de todo lo que vive, y todo vive… Y desde luego, es un frescor recuperar estos poemas después de los de Husos…” “Tus espíritus tienen multitudes de lenguajes:/el grito de una hiena,/el rastro de las aves sobre el agua,/el caminar paciente de una oruga/o la fruta que estalla al caer,/todos me llevan a tu nombre…”

Han transcurrido casi dos horas, como en un soplo. “Creo que voy a terminar con algo ineludible” dice la poeta, y empieza a leer su largo poema “Escribir”: “Escribir//para curar/en la carne abierta/en el dolor de todos/en esa muerte que mana/en mí y es la de todos…” Pero finalmente no lo lee entero, lo deja en suspenso, abierto como un vuelo de aves. Como si en el transcurso de la tarde, en un progresivo giro ascendente en espiral, ella fuese ahora este pájaro liviano del gozo: “He de volar muy alto esta noche./He de volar sin lastre./Hasta que amanezca.” … Aquí deja el poema suspendido en el aire de la sala… Y desaparece en él como ese famoso pintor chino quien, una vez pintada su obra maestra en la pared del palacio del emperador, se adentra en ella y, gozoso, desaparece en su pintura. Acaso, ¿no es está la máxima virtud del artista, del poeta? Desaparecer. “Des-aparecer es el objetivo”. Dejando tan sólo un fino entramado de rastros sobre la tierra, poemas-trazos que “ya le preceden, que siempre le han precedido”, fugaces filamentos luminosos en el cielo…

Se me ocurre ahora que, tal vez, un título más apropiado para lo que sucedió esa tarde de invierno hubiese sido: “Chantal Maillard – un salto en el poema con tan sólo la trama del vacío”. Gesto amoroso per se… Chantal, sin duda, “est passée maître en cet art”. Y lo comparte, generosa. Nosotros, agradecidos.

Muriel Chazalon
17 de enero 2010

Imatges del 2009 1 Gener 2010

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dsc03442.jpgdsc03455.jpgtierra-prometida.jpgratto_di_proserpina.jpggat-reduit.jpgceiba-red1thumbnail.gifmuntanya-piramide-redthumbnail.gifp1010506thumbnail.jpgp1010494thumbnail.jpgmantell-reduit-i-retocat.jpgimg_1477-320x200thumbnail.JPGp1300041.JPGimg_1507.JPGimg_1551.JPGimg_1545.JPGimg017.jpgdsc05288.JPGdsc05048.JPGdsc05106.JPGdsc05081.JPGdsc05123.JPGpollock.jpg

Ágora 22 Desembre 2009

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el saber
el conocer
el entender

experimentar

necesidades reales
necesidades puras
necesidades genuinas
necesidades vitales

para ser y estar
aquí en esta tierra
en esta galaxia
en este universo

mujer u hombre
niño o niña
abuela o abuelo

en cada tiempo
en cada lugar

que se escucha con atención
las preguntas son inevitables
nos inundan hasta lo más profundo

respuestas inexistentes
respuestas sin fundamentos
respuestas no obvias
respuestas no claras
respuestas forzadas
respuestas impuestas
respuestas tajantes
respuestas cerradas

pero si se permite
ver
oir
oler
tocar
sentir
libremente

las respuestas pueden ser
+ claras
+ abiertas
+ tolerantes
+ confortantes

Ágora

Ágora espacio de mercado libre
Hipatia mujer que lucha por salvar la sabiduría

Dulce Rosas

Chantal Maillard otra vez 10 Desembre 2009

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Poemas-miniaturas, poemas-mínimos, sacados de Diarios indios:

“El blanco”

Me apuntaron a mí,
pero cuando llegó el dardo
no había nadie. - ¿O sí lo había?-

Yo acechaba detrás de un árbol.
Vi algo caer.

*******

“La ofrenda”

Poner un marco a la ofensa.
Bajo la herida, un cuenco.

Recoger
la sangre y bebérsela frente al cuadro.
Como ofrenda.

Por los actos el yo
busca afianzarse.
Por los actos el yo es ofendido.
Por los actos el daño. Por los actos
el conocimiento.

Nada de lo que se hace a ciegas es
inútil para ver.
……

Chantal Maillard - La Tierra Prometida 15 Novembre 2009

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UN ACONTECIMIENTO: LA LECTURA-PERFORMANCE DE CHANTAL MAILLARD 14 Novembre 2009

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Es una tarde otoñal, una tarde gris pero sin lluvia. Llego a La Central y encuentro el libro. La tierra prometida. El libro negro, blanco, rojo. No un libro-objeto sino un libro-cosa. Áspero. Una cosa animalesca, desplegada en dibujos-rasgaduras, en rastros, en huellas, cada uno una herida estremecida, una herida electrizada, emborronada, garrapateada, un-borrón-y-cuenta-nueva. Una larga letanía. Letanía negra que se despliega lentamente, puntuada ¿sembrada? por el rojo nombre de los animales que se extinguen, extinguidos. Extinguida la naturaleza salvaje afuera. Los animales extinguidos adentro nuestro. Nosotros exangües.  No lo vemos, aún. No lo vemos, porque nuestra mirada que mira afuera no ve. La visión falla. La visión ciega. Acaso, ¿sólo el ciego ve lo visible? Sólo él ¿nosotros? ve lo que aquí, rojo sangre, salta a la vista, agrediéndola y, sin embargo, orientándola en una invocación, un conjuro. Esta visión oye, escucha el ruido de cada animal cayendo en los mataderos, cayendo en el bosque, cayendo fuera de nuestra mirada cuando giramos la vista y miramos hacia otra parte, especies animalescas cayendo fuera de nuestra mirada inatenta. In-atendidos, los animales extinguidos, en la voz de Chantal Maillard. Tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible… Ella no habla de ellos. Ella habla por ellos, por cada uno de ellos. Ella habla para ellos, para nosotros. Ellos son el rojo grito que salta a la vista en la línea negra de cada página, el hilo rojo de la vida extinguida. Ellos son el pálpito de la vida. El latido después de nosotros, antes de nosotros, de cada uno de nosotros, los animales, las especies todas, nuestra especie. Hasta que algo no se nombra, no existe. Entonces la poeta nombra los nombres a punto de extinguirse. La poeta frágil, casi traslúcida, aquí de pie, delante de nosotros, la poeta que ya es la voz de todos nosotros en un solo aliento recitando la plegaria. Su voz quebradiza tiembla, se hace oír, suena como la cuerda de un arco que no pretende ya cazar sino tan sólo vibrar, resonante, porque el disparo ya dio en el blanco. El disparo incesantemente está dando en el blanco. El blanco somos cada uno de nosotros, humanos exangües, cada vez que una especie se extingue. Es de noche. Despertemos. Es preciso recitar con ella, juntos, esta letanía. Tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca tal vez aún apenas sea posible nunca lobo tal vez aún apenas sea posible…

Muriel Chazalon

13 de noviembre 2009

Alicia en el país de las maravillas 13 Setembre 2009

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Llorad, nos decía Muriel en la última sesión.

Las lagrimas son importantes, protegen y permiten que germinen las semillas de lo que nos defenderá.
Y recordé, las lágrimas y el descenso de Alicia, con óptica lobuna…
Alicia cae por la madriguera del conejo blanco, cae y cae, piensa que no acabará nunca de caer… y cuando llega al final, descubre un lugar con varias puertas, que conducen a otros mundos, a otras realidades… os suena??
A lo largo de su aventura, (proceso?) tendrá que cambiar de tamaño en diferentes ocasiones, a veces crecer, otras menguar… Tendrá que transformarse necesariamente, para poder acceder a donde quiere ir.
Alicia lo hace físicamente, nosotras (lo intentamos) mentalmente.
Pero lo que realmente le permite llegar al país de las maravillas, son sus propias lágrimas, derramadas en una etapa anterior, en la que tenía un tamaño mayor y que al hacerse más pequeña, se convierten en un verdadero río que la transportará, no sin esfuerzo, hasta su destino.
Alicia encuentra muchos animales en su viaje, como el gato de Cheshire. Ella mantiene con él esta conversación:

- Minino de Cheshire, ¿podría decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
- Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar- respondió el gato.
- No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el gato.
- ….Siempre que llegue a alguna parte- explicó Alicia.
- Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el gato – si caminas lo suficiente….

L’abisme 4 Setembre 2009

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“Es difícil llegar a uno mismo. Tal vez porque también es difícil hallarse en situaciones desacostumbradas en las que sentirse absolutamente desamparado. Este es el problema: todo se nos ha hecho demasiado habitual, todo está siempre dispuesto. Y es que sólo las situaciones, digamos, “aporéticas”, aquellas en las que nos encontramos totalmente desprovistos de recursos, son las que , cerrándonos el mundo exterior, nos obligan a franquear los límites del nuestro, interior.

Nadie penetra en la profunda oscuridad de sí mismo si no es forzado por las circunstancias. El abismo atrae -es un tópico- pero para que la atracción sea algo más que un dirigirse incipiente, una inestable inclinación del ánimo, para que logre su fin y se convierta en caída, es preciso elaborar un paisaje que elimine la tentación del mundo: de lo acostumbrado, la llanura y sus colores; es menester que las formas hayan dejado de ser amables.”

Extret de Diarios indios de Chantal Maillard. - Pre-textos, 2005

Selva maia 2 Juliol 2009

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“Y esto ocurre en un país de paisajes dormidos. Luz de encantamiento y esplendor. País verde. País de los árboles verdes. Valles, colinas, selvas, volcanes, lagos verdes, verdes, bajo el cielo azul sin una mancha. Y todas la combinaciones de los colores florales, frutales, pajareros en el enjambre de las anilinas……………. Hay relieves, pirámides, templos en las ciudades apagadas. Detenerse, imposible. El vértigo sigue al instante en que sobrecogidos, extasiados, contemplamos la ciudad de Tikal. Arroyos de ruido húmedo, voces, entrechocarse de troncos, aletear de aves, que van a dar al mar inmenso del silencio. Todo palpita, vive, se desangra en verdor sobre la inmensa lámina endurecida del Petén…”

Extret de “El espejo de Lida Sal” de Miguel Ángel Asturias.